10.11.04

Kirchner-Duhalde, radiografía de un conflicto

Cuentan cerca del Presidente que allá por el mes de julio la decisión estaba tomada. Luego de una escalada de gestos y de declaraciones cruzadas, en la Casa Rosada se había decidido iniciar lo que no pocos analistas preveían: el desplazamiento de Eduardo Duhalde como figura de peso del PJ y de la política nacional. Para el kirchnerismo, el control de la provincia de Buenos Aires sentenciaría la arremetida. Era la anticipada contienda entre Kirchner y su antecesor en el cargo. Sin embargo, una serie de señales persuasivas y los consejos de sus asesores más moderados forzaron al primer mandatario a sellar una tregua que aún persiste con el caudillo bonaerense.
Las recientes declaraciones del gobernador Felipe Solá, que se manifestó a favor de la presentación de la senadora Cristina Fernández como candidata por la provincia de Buenos Aires en los comicios legislativos de 2005, en lugar de Hilda de Duhalde, reavivaron las brasas. Solá opinó que prefería a la esposa del Presidente porque “Chiche tiene una concepción más antigua de la política”. El pequeño revuelo que se generó se debe a la escasez de notas de corte político en la agenda de los principales medios. Pero no es ocioso sopesar el sentido de estas palabras. No es la primera vez que en el peronismo un gran conflicto se corporiza en sus mujeres.
Los resquemores son de larga data. La anunciada deuda de gratitud del santacruceño con el arquitecto de su llegada al poder se saldó con la indiferencia. Desde sus refugios bonaerenses, los despechados duhaldistas se hicieron oír. Los cuestionamientos públicos relativos al manejo oficial de la crisis social, a la confiabilidad del país para atraer inversiones, a la coparticipación federal y a la participación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad interior crisparon los nervios del jefe de Estado. Los operadores presidenciales arrojaron varios globos de ensayo a modo de respuesta: el lanzamiento de Cristina en terreno rival, la remoción de Duhalde del cargo representativo que ocupa en el Mercosur, el apoyo a la candidatura del ministro Aníbal Fernández para la gobernación de Buenos Aires y la presentación de la primera dama en dos listas en las elecciones del año que viene. El pacto de no agresión cruje ante cada sacudida.
La dirigencia política argentina es ineficaz, pero no suicida. A meses de la probable salida de una cesación de pagos que va por su tercer año, comprendió la necesidad de asegurar un mínimo de gobernabilidad. No obstante, la confrontación entre patagónicos y pampeanos se avizora inevitable.
Como todo movimiento, la estructura del peronismo está diseñada en forma de pirámide: las bases o punteros en los estratos inferiores, sólo una cabeza en el vértice superior. El justicialismo no admite más de un jefe. Hasta su muerte, Perón fue el líder indiscutido. Isabel, Bittel, Luder, Cafiero, Menem y el mismo Duhalde supieron seguir los pasos del fundador del partido. Kirchner aceptará la presidencia del PJ a nivel nacional. A contramano de su deseo originario, presentará batalla desde adentro. Cristina Fernández será la punta de lanza. El marco conceptual, desterrar la “vieja política”.
Los seguidores del Presidente se entusiasman. Impulsan el final del duhaldismo como condición sine qua non de renovación institucional. Pero Kirchner y Duhalde no provienen de culturas políticas diferentes. La presentación de listas negociadas para las próximas elecciones en la provincia de Buenos Aires se discute, pero no se decide. Por las dudas, operadores gubernamentales consagrados como el titular de la Unidad Presidente, Juan Carlos Mazzón, y el subsecretario general de la Presidencia, Carlos Kunkel, recorren el conurbano y rubrican acuerdos con intendentes del núcleo duro del ex gobernador bonaerense. El piquetero Luis D’Elía presta estructura y adherentes para disputar territorio con los punteros rivales. Y la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, dispone parte del millonario presupuesto que maneja para armar una red asistencial de mujeres similar a las “manzaneras” dirigidas por Chiche Duhalde, aunque conocida como las “margaritas”, en referencia a su segundo nombre. La renovación es sólo de figuras, pero no de prácticas.
En los despachos oficiales justifican semejante despliegue de estrategias. No subestiman el genio político del ex intendente de Lomas de Zamora. Esgrimen que la diferencia de fuerzas con el aparato duhaldista es aún muy importante y que no esperan que el matrimonio que ostenta el poder real en la provincia más importante del país se quede sentado a ver cómo se modifica. Por eso, disputarán palmo a palmo cada metro de territorio. Aunque la lógica de acumulación de fuerzas sea la misma que la de sus adversarios.
La competencia crecerá a medida que se acerque la fecha de las elecciones del año próximo. Hombres de confianza del Presidente argumentan que la oposición más fuerte a la gestión del jefe de Estado emanará del propio PJ. No pocos imaginan a Duhalde a la cabeza. Sus permanentes coqueteos con Mauricio Macri no serían más que un indicio. Temen que en 2005 llegue a un acuerdo con el mandamás de Boca Juniors y arme una lista paralela, como lo hizo en 2001 con el Polo Social. El paso siguiente sería el encabezamiento de un gran frente de “derechas”. Para combatirlo, vale todo. Es de esperar que una vez más la república no pague las consecuencias.

Publicado en La Nueva Provincia el 21/11/04

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