La izquierda, presa de sí misma
El amplio segmento del arco político argentino comprendido entre el centro y la izquierda está aturdido. Desde que asumió la presidencia, Néstor Kirchner hizo suya buena parte de la agenda que el progresismo reclama como propia. En un año electoral, representantes izquierdistas de la más amplia gama de colores saben que no pueden quedarse quietos: asambleas, congresos y actos partidarios se sucedieron en los últimos meses. La necesidad de forjar alianzas para disputarle espacio al PJ se impone. Pero la debilidad de estos sectores es intrínseca. La izquierda ha demostrado ser la peor enemiga de sí misma.El 27 de noviembre pasado un variopinto conjunto de dirigentes, sindicalistas, piqueteros y diputados nacionales de diversa extracción se reunió en Rosario para fundar un movimiento político denominado Encuentro Nacional por un Nuevo Proyecto de Nación. Acaso nacido para confrontar con la kirchnerista Mesa Coordinadora para un Nuevo Proyecto Nacional, núcleo embrionario del actual Frente Patria para Todos, la diversidad de procedencia de sus miembros abre un serio interrogante sobre la viabilidad de sus futuras propuestas.
Durante los primeros días de diciembre de 2004, el Partido Comunista Argentino llevó a cabo su 23º congreso partidario. Allí refrendó la vocación de integrar una coalición capaz de constituirse en una alternativa política válida. Pero el documento final es un muestrario del grado de confusión que impera en la izquierda vernácula. Según el PC, “el capitalismo ha fracasado históricamente en la Argentina y no puede garantizar la supervivencia digna de la mayoría del pueblo. Para superar esta crisis es necesaria una revolución socialista de liberación nacional, una revolución que resuelva al mismo tiempo la ruptura de los lazos de subordinación hacia el imperialismo yanqui […]el socialismo debe ser un modo de organizar la vida de los hombres y de las mujeres de manera antagónica al modo en que lo hace el capitalismo; como el comienzo de un largo proceso de sucesivos cambios revolucionarios que nos lleven a alcanzar nuestro objetivo final del comunismo […]el comunismo como movimiento de lucha por la superación del capitalismo, y la construcción de una sociedad basada en otra lógica que la generada por las relaciones de explotación y dominación capitalista, tiene más vigencia que nunca”. Los errores de diagnóstico y el lenguaje vetusto son marca registrada de un espectro que insiste en autocomplacerse.
La izquierda partidaria argentina ha generado un acontecimiento acaso inédito en el mundo: una pintoresca alianza entre trotskistas y stalinistas. Sus respectivos exégetas del Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) y del mismo Partido Comunista confluyeron fuerzas en Izquierda Unida, en 1997. Sin embargo, el acuerdo cruje ante las desconfianzas que se promulgan desde uno y otro lado. El nerviosismo se acrecienta cuando, votación tras votación, se difunden las planillas de resultados electorales. En las elecciones presidenciales de 2003, IU obtuvo 332.863 votos, el 1,72% del total. Sumadas, las distintas expresiones de izquierda alcanzaron el 4,37% de los sufragios emitidos. Las huestes progresistas aún se lamentan por la oportunidad desaprovechada en un contexto favorable, cuando los ecos del “que se vayan todos” resonaban en las calles y la toma del Palacio de Invierno estaba a la vuelta de la esquina.
Las limitaciones que obstaculizan el crecimiento de los partidos izquierdistas emanan de la propia praxis política de estas agrupaciones. Tres son las particularidades que hacen de la izquierda autóctona una marca registrada: su carácter de secta, su vocación provinciana y su devoción por las consignas.
El sectarismo de los partidos anticapitalistas locales ha recibido amplio tratamiento por parte de destacados intelectuales. La intolerancia entre los mismos idólatras de Marx trazó lo que no pocos denominan un “archipiélago de las izquierdas”. El provincianismo de estas fuerzas es tanto de espacio como de tiempo. Las proclamas divulgadas sólo reconocen un país, Argentina, y un período histórico: el de la vigencia del Manifiesto Comunista. La reproducción de consignas elaboradas sin el menor análisis desnuda la carencia de debate interno. Las propuestas voluntaristas desbordan los programas de estos partidos. Entre otras medidas, la plataforma que el frente Izquierda Unida-Partido Socialista presentó en las últimas elecciones bonaerenses proponía “suspender los pagos de la deuda externa provincial y nacional para destinar esos fondos a construir viviendas y obra pública; la reestatización de los ferrocarriles, la aerolínea de bandera, YPF, empresas de teléfonos, agua, luz y gas bajo el control de sus trabajadores y usuarios; la aplicación de impuestos progresivos a las tierras improductivas, latifundios, hipermercados, multinacionales, grandes hoteles y barrios de lujo y la nacionalización de la banca y del comercio exterior”.
Este compendio de dislates no es casual. Los partidos de izquierda son reacios a discutir sus dogmas. La renovación de sus cuadros es también una asignatura pendiente. El tiempo que llevan al frente de sus partidos los veteranos Jorge Altamira (Partido Obrero), Patricio Echegaray (PC), Otto Vargas (Partido Comunista Revolucionario) y Humberto Tumini (Patria Libre) se mide en décadas. Igual que la desorientación en la que sus agrupaciones se encuentran inmersas.
Publicado en La Nueva Provincia el 22/01/05
Etiquetas: izquierda, Kirchner, Partido Comunista


