25.9.05

Desequilibrios bonaerenses

La provincia de Buenos Aires es el distrito político más importante del país. Tiene un padrón de 9.632.424 electores, el 37% del total de ciudadanos habilitados para votar dentro de pocos días, y en la Cámara baja renueva 35 bancas, más de la cuarta parte de todas las que se pondrán en juego. Gran parte del deseo de revalidación de títulos que desvela a la administración Kirchner descansa en la obtención de la mayor cantidad de votos posible en el territorio que el PJ domina desde 1987. De los 60 diputados peronistas que liberarán sus escaños por mandato cumplido, 17 son bonaerenses, el 28%. Nadie del gobierno discute que en Buenos Aires se disputará “la madre de todas las batallas”, tal la caracterización cuyo copyright pertenece al secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, hombre de máxima confianza del primer mandatario.
La carrera por obtener una de las tres plazas de senador que renueva la provincia marca el ritmo de la campaña. El resultado comicial condiciona el futuro en política de más de uno. A simple vista, el escenario es polarizado por las dos mujeres fuertes del peronismo, Hilda Duhalde y Cristina Kirchner. Las oportunidades que tienen los otros candidatos son más complejas. Pero todos los postulantes poseen un punto en común. Acuerdos interpartidarios y reacomodamientos internos suman voluntades al mismo tiempo que sustraen otras. El 23 de octubre, ganará quien logre equilibrar la balanza.
Cristina Kirchner encarna una exótica alianza de legado menemista: captura tanto el voto de sectores populares tradicionalmente justicialistas como el de altos ingresos. Ha sabido trazar un discurso que seduce a la franja progresista no peronista del electorado. Su look moderno y ciertos hábitos propios de la tilinguería antes que de la investidura que representa no son casuales. Ambos penetran muy bien en las capas postergadas de las barriadas suburbanas. El flanco débil de la primera dama radica en el abanico de fuerzas que la sostiene. Intendentes, legisladores, concejales y punteros de dudosos antecedentes republicanos contradicen el proyecto de renovación institucional que la gestión encabezada por su marido declama impulsar.
Chiche Duhalde acapara el voto peronista ortodoxo. El aparato que le abrió las puertas de la jefatura de Estado a Néstor Kirchner aún goza de buena salud. Las manzaneras y su organización reticular aseguran la presencia del conurbano profundo en los centros de votación. No obstante, la actual diputada nacional no logra perforar los límites impuestos por su propio desempeño en la función pública. Entre el piso y el techo de sus posibilidades existe una muy estrecha diferencia.
Pese a las dudas iniciales, la señora de Duhalde suma puntos a partir del acuerdo sellado con Luis Patti, especialmente en la zona norte del Gran Buenos Aires. Los votantes de Chiche y de Patti no son antagónicos: el ex comisario bonaerense jamás negó su filiación justicialista. Pero lo que el titular del Paufe tracciona por un lado, resta por el otro. Un voto para Patti es uno menos para Jorge Villaverde, el candidato a diputado del PJ orgánico.
Ricardo López Murphy se ve forzado a quebrar la polarización de la escena electoral. Antes de la maniobra peronista que derivó en la fractura de las listas, las chances del jefe de Recrear de obtener la banca senatorial por la minoría eran fundadas. Canalizaba, en buena medida, el voto útil en contra del gobierno nacional. Sin embargo, un par de desaciertos socavan sus ambiciones. La alianza que trabó con Mauricio Macri espanta gran parte del voto radical que lo nutrió en la última elección presidencial. Este voto es decisivo en el interior de la provincia. Paralelamente, tampoco lo favorece la decisión de valerse de ex punteros menemistas para poner pie en el conurbano. Si, cuanto menos, no supera los números que obtuvo en 2003 (con 1.176.058 de sufragios, el 15,83%, lideró la tercera fórmula más votada) su carrera a futuro entrará en un cono de sombras.
Luis Brandoni es la gran esperanza de una UCR entusiasmada por algunos signos de resurrección. El objetivo del radicalismo es superar el medio millón de votos que Margarita Stolbizer consiguió en las gubernamentales de hace veinticinco meses. Para ello, la apuesta se asienta en la presentación de una aceptable boleta de aspirantes a diputados. Pero los radicales no pueden (o no desean) deshacerse del lastre. Quienes aún toman las decisiones en el partido son los mismos que desplazaron a la titular del comité provincial de la candidatura a la Cámara alta para catapultar al actor. Aunque lo niegue, Brandoni es la cara de la vieja estructura partidaria. El votante radical oscila entre alimentarla o adoptar otros rumbos menos contaminados.
Si bien el escenario electoral bonaerense parece consolidado, en la Argentina jamás deben descartarse novedades de último momento. El horizonte de cada uno de los candidatos tiene como única meta la llegada del día D. Octubre es hoy. A la luz de las últimas experiencias vividas, no conviene perder de vista el mañana.

Publicado en La Nueva Provincia el 29/09/05

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21.9.05

Comentario a "Montoneros..."

Acabo de terminar de leer “Montoneros. El mito de los 12 fundadores”, tesis de Maestría en Historia de Lucas Lanusse. Lo primero que se me ocurre decir es que es una buena, o muy buena tesis, pero no es un gran libro. El mayor (único y gran) mérito consiste en sistematizar una serie de fechas, datos y trayectorias aportados por la bibliografía previa para, desde ahí, refutar una creencia aparentemente extendida respecto al origen de la organización político militar. Más interesante me resulta la otra gran tesis que sostiene el libro, relativa al origen eminentemente cristiano de los fundadores de Montoneros, minimizando la supuesta ideología nacionalista que profesaban los activistas más importantes de la organización.
Aclaro que no soy un experto, sino un simple aficionado cuyas lecturas del tema no superan unos pocos libros y varios artículos sueltos. Y esta no es siquiera una crítica, sino un comentario.
Digo que no es un gran libro porque, amén de la tesis principal, no hace más que retomar y sistematizar ligeramente varios debates que ya han sido tratados de manera profunda por una vasta literatura, agregando para ello una serie de entrevistas. Me parece que se trató de manera superficial y reduccionista el tema de la identidad peronista de los miembros de Montoneros, la integración al Movimiento, la relación que mantenían con Perón, con las otras organizaciones peronistas y no peronistas, con los debates ideológicos de la época, etc. (que si bien no constituyen el tema de la tesis / libro son insoslayables en una investigación como la encarada) En ese sentido, aun adoleciendo de las fallas indicadas en “Montoneros…”, el libro de Gillespie, desde el punto de vista sociológico es ampliamente superior. Lo mismo que “La voluntad” de Caparrós y Anguita, aunque en este caso desde una perspectiva más literaria, no tan científica. En cualquier caso, aquellos temas en los que no se profundiza demasiado y en los que se aplican criterios casi mecanicistas (del tipo: “hay que ayudar a los pobres =los pobres son peronistas = yo soy peronista”) seguramente serían buenos como tópicos de una nueva investigación.
Repito que este es un simple comentario y que no desconozco que encarar una cuestión de este tipo es a todas luces ardua y desgastante, además de dificultosa por una cuestión temporal.

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