Los medios y la reconstrucción de los asesinatos en el Puente Pueyrredón: la estigmatización piquetera
1. INTRODUCCION
El mediodía del miércoles 26 de junio de 2002, dos jóvenes piqueteros, Darío Santillán, de 21 años y Maximiliano Kosteki, de 25, fueron asesinados por efectivos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires en la estación de tren de Avellaneda de la ex línea Roca y sus inmediaciones, luego de desatarse una batalla campal que incluyó enfrentamientos con piedras, palos, gases lacrimógenos y disparos de balas de goma y de plomo. La tragedia se desencadenó debido a una decisión previa del gobierno nacional de impedir medidas de protestas que incluyeran el corte del Puente Pueyrredón, que une a la ciudad de Buenos Aires con la zona sur de la provincia. A las dos muertes se sumaron alrededor de un centenar de heridos, 170 detenidos, allanamientos y persecuciones que configuraron un escenario de violencia y horror inusitado.
El presente trabajo se propone analizar la cobertura de los dos días posteriores a estos sucesos que realizaron cuatro medios gráficos de circulación nacional. El estudio del caso pretende ser un aporte teórico y metodológico a los estudios sobre los medios de comunicación en general, y a la práctica periodística en particular.
2. OBJETIVOS
El objetivo de la tesina es indagar en la manera en que los diarios Clarín, La Nación, Página/12 y Crónica representaron a los integrantes del movimiento piquetero y detectar las contradicciones que, en los dos días iniciales de cobertura, estos medios exhibieron respecto a la culpabilidad de las muertes de los dos manifestantes, lo cual lleva también a preguntarse por la eficacia de las rutinas productivas periodísticas.
El tema fue elegido por:
· La relevancia que adquirió desde el primer momento en la agenda de los medios, puesto que se trató de la primera represión de una manifestación con dos víctimas fatales que involucró directamente al gobierno del presidente provisional Eduardo Duhalde (2002-2003). El país ya había sufrido 32 muertes durante las protestas que culminaron con la renuncia de Fernando de la Rúa. En este caso, Duhalde, como consecuencia directa de este hecho, debió adelantar las elecciones presidenciales para abril del año siguiente.
· La participación en el conflicto de un actor socio-político relativamente nuevo en el escenario político como el movimiento piquetero, que desde el principio abre diversas caracterizaciones de sentidos según los medios.
· La novedad que significó que el enfrentamiento de los piqueteros con la policía (y las muertes) tuviera lugar a escasos metros de la ciudad de Buenos Aires, lo cual permitió un rápido y numeroso despliegue de cronistas, camarógrafos y fotógrafos de medios nacionales en el escenario del choque, asegurando una cobertura ampliamente difundida.
· La particularidad que significó la construcción informativa de los hechos que culminaron con el asesinato de los dos piqueteros, debido a que no sólo se llevó a cabo a partir de la recolección de los testimonios de los testigos presenciales (las fuentes), sino también de la presencia de los cronistas en el mismo espacio y tiempo que estaban sucediendo los acontecimientos, lo que lleva a problematizar sobre las hipotéticas causas de la disparidad de interpretaciones y percepciones finales de las fuentes, referentes a los motivos, el desarrollo y el desenlace (trágico) de los incidentes.
· El papel jugado por los reporteros gráficos, quienes aportaron las secuencias fotográficas que demostraron el asesinato de los piqueteros, en lo que constituye un hecho hasta ahora inusitado en casos similares. Siguiendo a Jacques Aumont, puede inferirse que estas secuencias espacio-temporales actuaron sobre el lector como ‘efecto de realidad’, en tanto “reglas representativas que permiten evocar, imitándola, la percepción natural” y como ‘efecto de lo real’, a partir del cual el lector “cree, no que lo que ve sea lo real mismo, sino que lo que ve ha existido, o ha podido existir, en lo real”(1)
A los efectos de este trabajo, se considera el concepto de representación social de la realidad propuesto por Miguel Rodrigo Alsina, que lo define como “actividad de reproducción de las propiedades de un objeto, efectuándose a nivel concreto, frecuentemente metafórico y organizado alrededor de una significación central. Dicha reproducción no es el reflejo en el espíritu de una realidad externa perfectamente acabada, sino un remodelado, una verdadera ‘construcción’ mental del objeto, concebido como no separable de la actividad simbólica de un sujeto, solidaria ella misma de su inserción en el campo social”(2). Esta definición es importante porque “pone de manifiesto la construcción de la noticia a través de los acontecimientos”(3)
3. HIPÓTESIS
La hipótesis que plantea la presente investigación es que los medios gráficos tendieron a estigmatizar a los integrantes del movimiento piquetero a través del privilegio conferido a las fuentes y canales de información oficiales (policía, gobierno, organismos de inteligencia), en base a los cuales construyeron el acontecimiento periodístico.
Esta tesina aborda la noción de ‘estigma’ de acuerdo a la conceptualización que desarrolla Ervin Goffman, en el marco de sus aportes al campo de la etnometodología. La etnometodología puede definirse como el estudio de la condiciones que, regulando la verdad, sostienen la ‘normalidad’ social, o como “el estudio de los modos en que se organiza el conocimiento que los individuos tienen de los cursos de acción normales, de sus asuntos habituales, de los escenarios acostumbrados”(4).
Gran parte de los estudios de Goffman muestran las conductas externas de los encuentros sociales desde la perspectiva del reconocimiento o negación del estatus de los participantes en la interacción social. En este sentido, el sociólogo canadiense resignifica el concepto de estigma, tomándolo como una marca identitaria que impone una diferencia, pero de forma negativa, o sea, como “una marca que designa un atributo que arroja un descrédito profundo sobre aquel que lo lleva”(5).
En la misma línea, Rodolfo Ramos plantea que “un estigma es una relación de autoridad que clasifica tipos de identidades en términos de anormal/normal, o excluido/incluido, sostiene esa definición a partir de atributos opuestos, asimila ciertos sujetos a esas identidades mediante generalizaciones y de esa manera construye las condiciones de su evidencia”(6). En el caso del movimiento piquetero, Maristella Svampa teoriza que “son estigmatizados a partir de un discurso que articula a ciertos sectores alrededor de una demanda de ‘normalidad institucional’, en el que los piqueteros aparecen como una alteridad amenazante, lo anormal, lo cual involucra una peligrosa simplificación de los fenómenos sociales”(7).
Desde este punto de vista, la estigmatización puede ser leída como una dimensión derivada del proceso de imposición del sentido. En consecuencia, esta investigación problematizará sobre el tipo de sentido común que los medios construyeron sobre los integrantes del movimiento piquetero por medio del privilegio de fuentes oficiales; con qué hechos o tipos de acontecimientos violentos relacionan los medios este trágico suceso; si existen comparaciones con grupos terroristas y el motivo por el cual este acontecimiento se inscribe como un hecho político y no policial. Es decir, cómo se construye a los piqueteros en tanto agrupación política y la explicación de las muertes. El resultado final arrojará que no todos los medios confirieron el mismo trato a las fuentes consultadas, lo que condicionará la representación que cada uno de ellos elaborará sobre el accionar de las organizaciones sociales durante los sucesos acaecidos en la ciudad de Avellaneda.
Con motivo de asegurar una mejor comprensión de la naturaleza del movimiento piquetero, a continuación se desarrolla una breve exposición sobre el nacimiento y desarrollo de este nuevo actor social.
3.1 Piqueteros: una nueva modalidad de protesta social
El piqueterismo nació a mediados de la década de 1990, como consecuencia de las transformaciones de las ideas económicas neoliberales que originaron un creciente empobrecimiento de la sociedad argentina, al mismo tiempo que un fuerte proceso de polarización en la distribución del ingreso. “Durante la última dictadura militar (1976-1983) se inició en el país el desmantelamiento del modelo de sustitución de importaciones, acompañado por un fuerte estancamiento económico. Sin embargo, la salida de ese modelo se operó finalmente durante la década menemista (1989-1999), a partir de la ejecución de un nuevo proyecto económico. Éste se asentó en el Plan de Convertibilidad –implementado en 1991 y que acompañó las reformas estructurales–, el cual produjo una verdadera transformación de las reglas de juego económicas, entre ellas, la paridad entre el dólar y el peso, la reducción de las barreras aduaneras, la liberalización del comercio exterior y el aumento de la presión fiscal. Fueron suprimidos también los principales mecanismos de control del Estado sobre la economía a favor de las reglas de mercado, al tiempo que se liberalizó la inversión extranjera”(8).
En ese contexto de precarización laboral, inestabilidad generalizada, altos índices de desempleo y pobreza, apertura de la economía, desindustrialización y ausencia regulatoria del Estado, confluyeron la incapacidad de los partidos políticos para responder a las demandas sociales y la actitud adoptada por los líderes sindicales, que debieron optar entre un discreto repliegue o el apoyo a la política del gobierno encabezado por Carlos Menem. El camino que eligió la mayoría desoyó el mandato de su propia historia.
Las transformaciones operadas a partir de la primera gestión de Menem produjeron profundas divisiones en el seno del sindicalismo argentino. Según Pereyra y Svampa, “en primer lugar fue erigiéndose un poderoso bloque representado por los voceros de la lealtad, encarnado por la CGT, bajo la conducción de Rodolfo Daer. Allí conviven aquellos gremios que apoyaron las reformas encaradas por el gobierno, aunque con diversos grados de acatamiento y diferentes estrategias de adaptación […] En segundo lugar encontramos una segunda línea que encarna el ala disidente de la CGT oficial, encabezada por el jefe de los camioneros, Hugo Moyano, donde se encuentran quienes hacen oír su voz esporádicamente y pugnan por revivir el modelo sindical asociado a una política sustitutiva de importaciones y a un Estado fuerte. Por último están aquellos que desde el inicio rechazaron el conjunto de reformas producto de las nuevas alianzas establecidas por el gobierno justicialista, y eligieron el camino de la salida o defección […] agrupados en la CTA”(9). En definitiva, las políticas de los gremios arrinconaron a los trabajadores en una actitud defensiva, ya que debían detener la ola de despidos y suspensiones y proteger a las fuentes de trabajo.
En este marco operó la ley 24.013 o ‘Nueva Ley de Empleo’, sancionada en 1991, “que conllevó un cambio en el modo en que el Estado intervenía en la relación capital/trabajo. A partir de esta ley el estado reconocía la emergencia laboral al tiempo que articuló una estrategia asentada en la flexibilización del contrato de trabajo formal y la creación de ‘nuevas modalidades de contratación’ destinadas a facilitar la entrada y salida del mercado de trabajo [lo cual aparejó una] evolución de la desocupación abierta, subocupación, sobreocupación, precariedad contractual e informalidad”(10). Para Mirta Lobato y Juan Suriano, entonces, “el desconocimiento de los convenios colectivos, el incremento de los ritmos de trabajo y de la productividad obrera, las privatizaciones, la elevación de la edad jubilatoria, la rebaja de las indemnizaciones, el alargamiento de la jornada laboral y la caída salarial fueron un cóctel explosivo que estalló en las manos de los gobernantes cuando la población protestó de diferentes formas. Y allí emergieron otras modalidades de protesta, vinculadas al fenómeno de la desocupación en un contexto de fragmentación de los actores sociales y de multiplicación de las demandas sectoriales por la continua aplicación de políticas neoliberales: los cortes de ruta y el movimiento piquetero”(11).
La ejecución de los planes privatizadores afectó seriamente a las economías provinciales. En Neuquén, la privatización de la empresa estatal YPF, ubicada en el área de Cutral Có-Plaza Huincul, llevó a la emergencia de protestas en forma de puebladas y cortes de rutas. Cuando entre el 20 y 26 de junio de 1996 se produjo el corte de la ruta 22, quienes ejercieron la custodia de las barricadas recibieron el nombre de “piqueteros”.
No obstante, las primeras representaciones de la prensa gráfica de aquellas protestas destacaban el carácter masivo y popular de las manifestaciones. Si bien se enfatizaba el contexto de desocupación y miseria generalizada que habían aparejado las políticas de privatizaciones, quienes cortaban rutas eran “vecinos”, “pobladores”, “habitantes” e incluso el “pueblo”, con lo que se diluía la naturaleza política del reclamo y la larga historia de militancia que muchos de esos precursores cargaban sobre sus espaldas, tal como lo subraya Miguel Mazzeo en su estudio “Piqueteros, notas para una tipología”. Incluso, a excepción de La Nación, que ubicaba el tratamiento de aquellos acontecimientos en su sección ‘Política’, los demás diarios lo hacían en las secciones de ‘Sociedad’ o ‘Información general’.
En ese sentido, el adjetivo “piquetero” alcanzó estatuto en la prensa argentina a partir de las manifestaciones y cortes de ruta en Cutral Có (que terminaron con la muerte de María Teresa Rodríguez, un emblema para muchas de las organizaciones sociales), General Moscón y Tartagal (dirigidas por el líder sindical José “Pepino” Fernánez), en abril y mayo de 1997. Aunque al principio se diferenciaban de los fogoneros y los zanjeros, pronto fueron homogeneizados bajo la común designación de “piqueteros”, quienes ocuparon la escena de la protesta bajo el reclamo de trabajo y la denuncia de corrupción de los políticos locales. Así, los medios comenzaron a tratarlos como un nuevo actor de relevancia en el escenario político nacional
Desde entonces, en forma creciente, la interrupción del tránsito en rutas y calles urbanas se transformó en la principal modalidad de protesta, de Norte a Sur del país: “Las estadísticas publicadas en diferentes diarios y revistas demuestran la magnitud de la protesta. En 1997 se realizaron 140 cortes de ruta; en 1998, 51 y en 1999, 252. La profundización de la crisis económica y posiblemente también la conciencia sobre la imposibilidad de modificar la política económica y social impulsaron el incremento de las interrupciones de tránsito; así, los 514 cortes del año 2000 pasaron a 1282 en 2001 y 2334 en 2002”(12), año de la muerte de Kosteki y Santillán.
De acuerdo a Federico Schuster, “la lógica del obrero sindicado se basa en un tiempo y espacio dentro de su lugar de empleo. La lógica de los piqueteros es la del hombre y mujer desocupados que conservan la memoria de aquellos tiempos en que fueron trabajadores asalariados y hoy están empobrecidos debido a la falta de ingresos o la intermitente entrada y salida del mercado informal de trabajo. Sin fábricas ni oficinas y en situación de vulnerabilidad extrema la calle se transforma en el espacio en el que se hacen ‘visibles’ ante la opinión pública. La clave del corte de ruta es la repercusión de un estado de actividad. En el espacio del corte de ruta existen y se reclaman ciudadanos argentinos”(13).
La profunda crisis que estalló en 2001-2002 favoreció el surgimiento, la organización y la extensión de comisiones de desocupados y de numerosas organizaciones de base, que en sobreviven en la actualidad, entre las que se pueden mencionar a la Federación de Tierra y Vivienda (FTV), la Corriente Clasista y Combativa (CCC), el Movimiento Independiente de Jubilados y Pensionados (MIJP), el Movimiento de Trabajadores Desocupados Teresa Rodríguez (MTR), el Movimiento Sin Trabajo Teresa Vive (MST), la Coordinadora Aníbal Verón, el Polo Obrero (PO), el Movimiento Territorial de Liberación (MTL), la Federación de Trabajadores Combativos (FTC), Barrios de Pie, la Coordinadora de Unidad Barrial (CUBa) y otras agrupaciones menores. Pese a que estas agrupaciones emergieron producto de un deterioro progresivo del entramado social, es evidente que llegaron para quedarse.
4. METODOLOGÍA
En la presente investigación, las coberturas periodísticas de los acontecimientos ocurridos en el Puente Pueyrredón en junio de 2002 se desagregaron en unidades de información, indagándose exclusivamente las notas informativas publicadas en las secciones ‘duras’del medio, es decir, que tratan temas de interés político y/o económico (“Política”,“El País”). Además, se tomaron en cuenta las fotografías publicadas, elemento decisivo para investigar la autoría directa de las muertes de los piqueteros. Se descartaron las notas relativas al ámbito de la “opinión”, pues responden a un contrato de lectura diferente y no se rigen por los criterios de noticiabilidad.
Las superficies redaccionales sobre las cuales se trabajó, tanto cualitativa como cuantitativamente, fueron:
· Portadas: denotan la importancia y el espacio en la agenda que se le confiere a la noticia.
· Secciones en las que se inscribieron los acontecimientos: señalan la relevancia de las noticias, generalmente en base a la categorización de estas en “duras” (secciones de política, economía, exteriores) y “blandas” (secciones de información general, sociedad, policiales)
· Títulos, volantas(14), bajadas(15): constituyen la puerta de entrada a la información. En la prensa gráfica los títulos “responden a propósitos definidos, relacionados con el posicionamiento político del medio, con sus intereses en la arena del poder y con la visión del mundo que sustenta la publicación”(16) .
· “Chapas identificatorias”: permitan insertar el acontecimiento en una serie
· Cabezas noticiosas: son los primeros párrafos de las noticias, en los que se anticipan y condensan los hechos relevantes que se desarrollarán.
· Negritas: recurso que se emplea para indicar frases o términos destacados.
· Publicación y espacio brindado a las fotografías. Según Héctor Borrat, “el periódico puede actuar políticamente tanto cuando publica textos como cuando publica imágenes" (17).
De este modo, se analizará:
a) qué fuentes se citan, la legitimidad investida a cada sector, la existencia o no de fuentes oposicionales, si se citó a más de una fuente, el espacio brindado a cada una de ellas, quién tiene “la última palabra”;
b) la identificación de voceros de los bandos en conflicto y la verificación de las causas por las que, en términos de relevancia, ciertas fuentes son privilegiadas en detrimento de otras;
c) los tipos de sentido común construidos y las modalidades de la enunciación(18) desde los cuales se pueda dar cuenta;
d) en qué serie es inscripto el hecho noticioso, a partir de la consideración de los acontecimientos como un “caso”(19), tal como lo desarrolla Aníbal Ford y
e) los contratos de lectura puestos en juego.
5. CORPUS
Se trabajó con las ediciones de los días 27 y 28 de junio de 2002 de los siguientes diarios de circulación nacional:
· Clarín, de lectorado amplio. Atraviesa todos los estratos sociales y educativos*. Durante el período analizado contó con una circulación aproximada de 450 mil ejemplares diarios. Es el periódico de mayor tirada en la Argentina.
· La Nación, de orientación liberal* y una tirada de 160 mil ejemplares.
· Página/12, de lectorado de izquierda*. Férreo opositor a la presidencia de Duhalde. Sin datos de la tirada.
· Crónica(20), edición vespertina (6ª), de lectorado popular*. Sin datos de la tirada.
El recorte temporal se fundamenta en que estos dos días de cobertura los diarios tuvieron dificultades para identificar a los responsables de las muertes de los piqueteros y sugirieron pistas desacertadas respecto del accionar de los manifestantes en las inmediaciones del Puente Pueyrredón, lo cual habilita a trabajar sobre la hipótesis planteada.
(1) AUMONT, Jacques; La imagen, Paidos, Barcelona, 1992, pág. 117
(2) RODRIGO ALSINA, Miguel; La construcción de la noticia, Paidos, Madrid, 1989, pág. 186
(3) RODRIGO ALSINA, Miguel; op. cit., pág. 186
(4) WOLF, Mauro; “Harold Garfinkel o la evidencia no se cuestiona”, en Sociologías de la vida cotidiana, Cátedra, Madrid, 1988, pág. 31
(5) GOFFMAN, Ervin; Estigma. La identidad deteriorada, Amorrortu, Buenos Aires, 1993, pág. 89/90
(6) RAMOS, Rodolfo; Identidad y estigma: experiencia de la estigmatización social y posicionamientos discursivos de los sujetos en dos barrios de la Capital Federal. Informe final proyecto UBACyT, Facultad de Ciencias Sociales, UBA, 1994, pág. 19
(7) SVAMPA, Maristella; Vamos a un endurecimiento del contexto represivo, Página/12, 02/12/03, pág. 14
(8) PEREYRA, Sebastián y SVAMPA, Maristella; Entre la ruta y el barrio. La experiencia de las organizaciones piqueteras, Biblos, Buenos Aires, 2003, pág. 19
(9) PEREYRA, Sebastián y SVAMPA, Maristella; op. cit., pág. 21
(10) PEREYRA, Sebastián y SVAMPA, Maristella; op. cit., pág. 87
(11) LOBATO, Mirta y SURIANO, Juan; La protesta social en la Argentina, FCE, Buenos Aires, 2003, pág. 144
(12) LOBATO, Mirta y SURIANO, Juan op. cit., pág. 146
(13) FERREYRA, Pilar; Señales en las rutas argentinas, Clarín, 24/06/01, supl. “Zona”, pág. 6
(14) La volanta es el enunciado que ubica y anticipa sobre lo que informa el título; es una definición temática y puede agregar información. Generalmente está colocada encima del título.
(15) Se denomina bajada a la síntesis o agregado de la noticia ubicada debajo del titular.
(16) MARTINI, Stella y LUCHESSI, Lila; Los que hacen la noticia. Periodismo, información y poder, Biblos, Buenos Aires, 2004, pág. 115
(17) BORRAT, Héctor; El periódico, actor político, GG Mass Media, Barcelona, 1989, pág. 114
(18) Las modalidades del decir construyen el dispositivo de enunciación en el que se ponen en contacto identidades o categorías discursivas: el enunciador –el que habla- y el enunciatario –el destinatario del discurso. Como categorías discursivas, no pueden ser identificadas con un sujeto determinado (MARTINI, Stella; “El texto periodístico” -1997- en Cuadernos de Teoría del Periodismo Nª24 “El periodismo en la sociocultura contemporánea”, Buenos Aires, Facultad Ciencias Sociales, UBA, 2000)
(19) FORD, Aníbal; La marca de la bestia. Identificación, desigualdades e infoentretenimiento en la sociedad contemporánea, Norma, Buenos Aires, 1999, pág. 255
* Datos extraídos de la encuesta “Públicos y consumos culturales de Buenos Aires”, realizada por el Centro de Estudios de Estado y Sociedad en 1990 bajo la dirección de Oscar Landi, Luis Quevedo y Adriana Vacchieri.
(20) En este caso se trabajó con las ediciones de los días 26 y 27 de junio, dado el carácter vespertino del diario.
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