30.10.06

Los medios y la reconstrucción de los asesinatos en el Puente Pueyrredón: la estigmatización piquetera

A continuación, en una serie de cinco posteos, publico la tesina que presenté para obtener la licenciatura en Comunicación Social por la Universidad de Buenos Aires. El trabajo es de consulta y de uso libre, siempre y cuando, al menos, se mencione al sitio como fuente.

1. INTRODUCCION
El mediodía del miércoles 26 de junio de 2002, dos jóvenes piqueteros, Darío Santillán, de 21 años y Maximiliano Kosteki, de 25, fueron asesinados por efectivos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires en la estación de tren de Avellaneda de la ex línea Roca y sus inmediaciones, luego de desatarse una batalla campal que incluyó enfrentamientos con piedras, palos, gases lacrimógenos y disparos de balas de goma y de plomo. La tragedia se desencadenó debido a una decisión previa del gobierno nacional de impedir medidas de protestas que incluyeran el corte del Puente Pueyrredón, que une a la ciudad de Buenos Aires con la zona sur de la provincia. A las dos muertes se sumaron alrededor de un centenar de heridos, 170 detenidos, allanamientos y persecuciones que configuraron un escenario de violencia y horror inusitado.
El presente trabajo se propone analizar la cobertura de los dos días posteriores a estos sucesos que realizaron cuatro medios gráficos de circulación nacional. El estudio del caso pretende ser un aporte teórico y metodológico a los estudios sobre los medios de comunicación en general, y a la práctica periodística en particular.

2. OBJETIVOS
El objetivo de la tesina es indagar en la manera en que los diarios Clarín, La Nación, Página/12 y Crónica representaron a los integrantes del movimiento piquetero y detectar las contradicciones que, en los dos días iniciales de cobertura, estos medios exhibieron respecto a la culpabilidad de las muertes de los dos manifestantes, lo cual lleva también a preguntarse por la eficacia de las rutinas productivas periodísticas.
El tema fue elegido por:
· La relevancia que adquirió desde el primer momento en la agenda de los medios, puesto que se trató de la primera represión de una manifestación con dos víctimas fatales que involucró directamente al gobierno del presidente provisional Eduardo Duhalde (2002-2003). El país ya había sufrido 32 muertes durante las protestas que culminaron con la renuncia de Fernando de la Rúa. En este caso, Duhalde, como consecuencia directa de este hecho, debió adelantar las elecciones presidenciales para abril del año siguiente.
· La participación en el conflicto de un actor socio-político relativamente nuevo en el escenario político como el movimiento piquetero, que desde el principio abre diversas caracterizaciones de sentidos según los medios.
· La novedad que significó que el enfrentamiento de los piqueteros con la policía (y las muertes) tuviera lugar a escasos metros de la ciudad de Buenos Aires, lo cual permitió un rápido y numeroso despliegue de cronistas, camarógrafos y fotógrafos de medios nacionales en el escenario del choque, asegurando una cobertura ampliamente difundida.
· La particularidad que significó la construcción informativa de los hechos que culminaron con el asesinato de los dos piqueteros, debido a que no sólo se llevó a cabo a partir de la recolección de los testimonios de los testigos presenciales (las fuentes), sino también de la presencia de los cronistas en el mismo espacio y tiempo que estaban sucediendo los acontecimientos, lo que lleva a problematizar sobre las hipotéticas causas de la disparidad de interpretaciones y percepciones finales de las fuentes, referentes a los motivos, el desarrollo y el desenlace (trágico) de los incidentes.
· El papel jugado por los reporteros gráficos, quienes aportaron las secuencias fotográficas que demostraron el asesinato de los piqueteros, en lo que constituye un hecho hasta ahora inusitado en casos similares. Siguiendo a Jacques Aumont, puede inferirse que estas secuencias espacio-temporales actuaron sobre el lector como ‘efecto de realidad’, en tanto “reglas representativas que permiten evocar, imitándola, la percepción natural” y como ‘efecto de lo real’, a partir del cual el lector “cree, no que lo que ve sea lo real mismo, sino que lo que ve ha existido, o ha podido existir, en lo real”(1)

A los efectos de este trabajo, se considera el concepto de representación social de la realidad propuesto por Miguel Rodrigo Alsina, que lo define como “actividad de reproducción de las propiedades de un objeto, efectuándose a nivel concreto, frecuentemente metafórico y organizado alrededor de una significación central. Dicha reproducción no es el reflejo en el espíritu de una realidad externa perfectamente acabada, sino un remodelado, una verdadera ‘construcción’ mental del objeto, concebido como no separable de la actividad simbólica de un sujeto, solidaria ella misma de su inserción en el campo social”(2). Esta definición es importante porque “pone de manifiesto la construcción de la noticia a través de los acontecimientos”(3)

3. HIPÓTESIS
La hipótesis que plantea la presente investigación es que los medios gráficos tendieron a estigmatizar a los integrantes del movimiento piquetero a través del privilegio conferido a las fuentes y canales de información oficiales (policía, gobierno, organismos de inteligencia), en base a los cuales construyeron el acontecimiento periodístico.
Esta tesina aborda la noción de ‘estigma’ de acuerdo a la conceptualización que desarrolla Ervin Goffman, en el marco de sus aportes al campo de la etnometodología. La etnometodología puede definirse como el estudio de la condiciones que, regulando la verdad, sostienen la ‘normalidad’ social, o como “el estudio de los modos en que se organiza el conocimiento que los individuos tienen de los cursos de acción normales, de sus asuntos habituales, de los escenarios acostumbrados”(4).
Gran parte de los estudios de Goffman muestran las conductas externas de los encuentros sociales desde la perspectiva del reconocimiento o negación del estatus de los participantes en la interacción social. En este sentido, el sociólogo canadiense resignifica el concepto de estigma, tomándolo como una marca identitaria que impone una diferencia, pero de forma negativa, o sea, como “una marca que designa un atributo que arroja un descrédito profundo sobre aquel que lo lleva”(5).
En la misma línea, Rodolfo Ramos plantea que “un estigma es una relación de autoridad que clasifica tipos de identidades en términos de anormal/normal, o excluido/incluido, sostiene esa definición a partir de atributos opuestos, asimila ciertos sujetos a esas identidades mediante generalizaciones y de esa manera construye las condiciones de su evidencia”(6). En el caso del movimiento piquetero, Maristella Svampa teoriza que “son estigmatizados a partir de un discurso que articula a ciertos sectores alrededor de una demanda de ‘normalidad institucional’, en el que los piqueteros aparecen como una alteridad amenazante, lo anormal, lo cual involucra una peligrosa simplificación de los fenómenos sociales”(7).
Desde este punto de vista, la estigmatización puede ser leída como una dimensión derivada del proceso de imposición del sentido. En consecuencia, esta investigación problematizará sobre el tipo de sentido común que los medios construyeron sobre los integrantes del movimiento piquetero por medio del privilegio de fuentes oficiales; con qué hechos o tipos de acontecimientos violentos relacionan los medios este trágico suceso; si existen comparaciones con grupos terroristas y el motivo por el cual este acontecimiento se inscribe como un hecho político y no policial. Es decir, cómo se construye a los piqueteros en tanto agrupación política y la explicación de las muertes. El resultado final arrojará que no todos los medios confirieron el mismo trato a las fuentes consultadas, lo que condicionará la representación que cada uno de ellos elaborará sobre el accionar de las organizaciones sociales durante los sucesos acaecidos en la ciudad de Avellaneda.
Con motivo de asegurar una mejor comprensión de la naturaleza del movimiento piquetero, a continuación se desarrolla una breve exposición sobre el nacimiento y desarrollo de este nuevo actor social.

3.1 Piqueteros: una nueva modalidad de protesta social
El piqueterismo nació a mediados de la década de 1990, como consecuencia de las transformaciones de las ideas económicas neoliberales que originaron un creciente empobrecimiento de la sociedad argentina, al mismo tiempo que un fuerte proceso de polarización en la distribución del ingreso. “Durante la última dictadura militar (1976-1983) se inició en el país el desmantelamiento del modelo de sustitución de importaciones, acompañado por un fuerte estancamiento económico. Sin embargo, la salida de ese modelo se operó finalmente durante la década menemista (1989-1999), a partir de la ejecución de un nuevo proyecto económico. Éste se asentó en el Plan de Convertibilidad –implementado en 1991 y que acompañó las reformas estructurales–, el cual produjo una verdadera transformación de las reglas de juego económicas, entre ellas, la paridad entre el dólar y el peso, la reducción de las barreras aduaneras, la liberalización del comercio exterior y el aumento de la presión fiscal. Fueron suprimidos también los principales mecanismos de control del Estado sobre la economía a favor de las reglas de mercado, al tiempo que se liberalizó la inversión extranjera”(8).
En ese contexto de precarización laboral, inestabilidad generalizada, altos índices de desempleo y pobreza, apertura de la economía, desindustrialización y ausencia regulatoria del Estado, confluyeron la incapacidad de los partidos políticos para responder a las demandas sociales y la actitud adoptada por los líderes sindicales, que debieron optar entre un discreto repliegue o el apoyo a la política del gobierno encabezado por Carlos Menem. El camino que eligió la mayoría desoyó el mandato de su propia historia.
Las transformaciones operadas a partir de la primera gestión de Menem produjeron profundas divisiones en el seno del sindicalismo argentino. Según Pereyra y Svampa, “en primer lugar fue erigiéndose un poderoso bloque representado por los voceros de la lealtad, encarnado por la CGT, bajo la conducción de Rodolfo Daer. Allí conviven aquellos gremios que apoyaron las reformas encaradas por el gobierno, aunque con diversos grados de acatamiento y diferentes estrategias de adaptación […] En segundo lugar encontramos una segunda línea que encarna el ala disidente de la CGT oficial, encabezada por el jefe de los camioneros, Hugo Moyano, donde se encuentran quienes hacen oír su voz esporádicamente y pugnan por revivir el modelo sindical asociado a una política sustitutiva de importaciones y a un Estado fuerte. Por último están aquellos que desde el inicio rechazaron el conjunto de reformas producto de las nuevas alianzas establecidas por el gobierno justicialista, y eligieron el camino de la salida o defección […] agrupados en la CTA”(9). En definitiva, las políticas de los gremios arrinconaron a los trabajadores en una actitud defensiva, ya que debían detener la ola de despidos y suspensiones y proteger a las fuentes de trabajo.
En este marco operó la ley 24.013 o ‘Nueva Ley de Empleo’, sancionada en 1991, “que conllevó un cambio en el modo en que el Estado intervenía en la relación capital/trabajo. A partir de esta ley el estado reconocía la emergencia laboral al tiempo que articuló una estrategia asentada en la flexibilización del contrato de trabajo formal y la creación de ‘nuevas modalidades de contratación’ destinadas a facilitar la entrada y salida del mercado de trabajo [lo cual aparejó una] evolución de la desocupación abierta, subocupación, sobreocupación, precariedad contractual e informalidad”(10). Para Mirta Lobato y Juan Suriano, entonces, “el desconocimiento de los convenios colectivos, el incremento de los ritmos de trabajo y de la productividad obrera, las privatizaciones, la elevación de la edad jubilatoria, la rebaja de las indemnizaciones, el alargamiento de la jornada laboral y la caída salarial fueron un cóctel explosivo que estalló en las manos de los gobernantes cuando la población protestó de diferentes formas. Y allí emergieron otras modalidades de protesta, vinculadas al fenómeno de la desocupación en un contexto de fragmentación de los actores sociales y de multiplicación de las demandas sectoriales por la continua aplicación de políticas neoliberales: los cortes de ruta y el movimiento piquetero”(11).
La ejecución de los planes privatizadores afectó seriamente a las economías provinciales. En Neuquén, la privatización de la empresa estatal YPF, ubicada en el área de Cutral Có-Plaza Huincul, llevó a la emergencia de protestas en forma de puebladas y cortes de rutas. Cuando entre el 20 y 26 de junio de 1996 se produjo el corte de la ruta 22, quienes ejercieron la custodia de las barricadas recibieron el nombre de “piqueteros”.
No obstante, las primeras representaciones de la prensa gráfica de aquellas protestas destacaban el carácter masivo y popular de las manifestaciones. Si bien se enfatizaba el contexto de desocupación y miseria generalizada que habían aparejado las políticas de privatizaciones, quienes cortaban rutas eran “vecinos”, “pobladores”, “habitantes” e incluso el “pueblo”, con lo que se diluía la naturaleza política del reclamo y la larga historia de militancia que muchos de esos precursores cargaban sobre sus espaldas, tal como lo subraya Miguel Mazzeo en su estudio “Piqueteros, notas para una tipología”. Incluso, a excepción de La Nación, que ubicaba el tratamiento de aquellos acontecimientos en su sección ‘Política’, los demás diarios lo hacían en las secciones de ‘Sociedad’ o ‘Información general’.
En ese sentido, el adjetivo “piquetero” alcanzó estatuto en la prensa argentina a partir de las manifestaciones y cortes de ruta en Cutral Có (que terminaron con la muerte de María Teresa Rodríguez, un emblema para muchas de las organizaciones sociales), General Moscón y Tartagal (dirigidas por el líder sindical José “Pepino” Fernánez), en abril y mayo de 1997. Aunque al principio se diferenciaban de los fogoneros y los zanjeros, pronto fueron homogeneizados bajo la común designación de “piqueteros”, quienes ocuparon la escena de la protesta bajo el reclamo de trabajo y la denuncia de corrupción de los políticos locales. Así, los medios comenzaron a tratarlos como un nuevo actor de relevancia en el escenario político nacional
Desde entonces, en forma creciente, la interrupción del tránsito en rutas y calles urbanas se transformó en la principal modalidad de protesta, de Norte a Sur del país: “Las estadísticas publicadas en diferentes diarios y revistas demuestran la magnitud de la protesta. En 1997 se realizaron 140 cortes de ruta; en 1998, 51 y en 1999, 252. La profundización de la crisis económica y posiblemente también la conciencia sobre la imposibilidad de modificar la política económica y social impulsaron el incremento de las interrupciones de tránsito; así, los 514 cortes del año 2000 pasaron a 1282 en 2001 y 2334 en 2002”(12), año de la muerte de Kosteki y Santillán.
De acuerdo a Federico Schuster, “la lógica del obrero sindicado se basa en un tiempo y espacio dentro de su lugar de empleo. La lógica de los piqueteros es la del hombre y mujer desocupados que conservan la memoria de aquellos tiempos en que fueron trabajadores asalariados y hoy están empobrecidos debido a la falta de ingresos o la intermitente entrada y salida del mercado informal de trabajo. Sin fábricas ni oficinas y en situación de vulnerabilidad extrema la calle se transforma en el espacio en el que se hacen ‘visibles’ ante la opinión pública. La clave del corte de ruta es la repercusión de un estado de actividad. En el espacio del corte de ruta existen y se reclaman ciudadanos argentinos”(13).
La profunda crisis que estalló en 2001-2002 favoreció el surgimiento, la organización y la extensión de comisiones de desocupados y de numerosas organizaciones de base, que en sobreviven en la actualidad, entre las que se pueden mencionar a la Federación de Tierra y Vivienda (FTV), la Corriente Clasista y Combativa (CCC), el Movimiento Independiente de Jubilados y Pensionados (MIJP), el Movimiento de Trabajadores Desocupados Teresa Rodríguez (MTR), el Movimiento Sin Trabajo Teresa Vive (MST), la Coordinadora Aníbal Verón, el Polo Obrero (PO), el Movimiento Territorial de Liberación (MTL), la Federación de Trabajadores Combativos (FTC), Barrios de Pie, la Coordinadora de Unidad Barrial (CUBa) y otras agrupaciones menores. Pese a que estas agrupaciones emergieron producto de un deterioro progresivo del entramado social, es evidente que llegaron para quedarse.

4. METODOLOGÍA
En la presente investigación, las coberturas periodísticas de los acontecimientos ocurridos en el Puente Pueyrredón en junio de 2002 se desagregaron en unidades de información, indagándose exclusivamente las notas informativas publicadas en las secciones ‘duras’del medio, es decir, que tratan temas de interés político y/o económico (“Política”,“El País”). Además, se tomaron en cuenta las fotografías publicadas, elemento decisivo para investigar la autoría directa de las muertes de los piqueteros. Se descartaron las notas relativas al ámbito de la “opinión”, pues responden a un contrato de lectura diferente y no se rigen por los criterios de noticiabilidad.
Las superficies redaccionales sobre las cuales se trabajó, tanto cualitativa como cuantitativamente, fueron:
· Portadas: denotan la importancia y el espacio en la agenda que se le confiere a la noticia.
· Secciones en las que se inscribieron los acontecimientos: señalan la relevancia de las noticias, generalmente en base a la categorización de estas en “duras” (secciones de política, economía, exteriores) y “blandas” (secciones de información general, sociedad, policiales)
· Títulos, volantas(14), bajadas(15): constituyen la puerta de entrada a la información. En la prensa gráfica los títulos “responden a propósitos definidos, relacionados con el posicionamiento político del medio, con sus intereses en la arena del poder y con la visión del mundo que sustenta la publicación”(16) .
· “Chapas identificatorias”: permitan insertar el acontecimiento en una serie
· Cabezas noticiosas: son los primeros párrafos de las noticias, en los que se anticipan y condensan los hechos relevantes que se desarrollarán.
· Negritas: recurso que se emplea para indicar frases o términos destacados.
· Publicación y espacio brindado a las fotografías. Según Héctor Borrat, “el periódico puede actuar políticamente tanto cuando publica textos como cuando publica imágenes" (17).

De este modo, se analizará:
a) qué fuentes se citan, la legitimidad investida a cada sector, la existencia o no de fuentes oposicionales, si se citó a más de una fuente, el espacio brindado a cada una de ellas, quién tiene “la última palabra”;
b) la identificación de voceros de los bandos en conflicto y la verificación de las causas por las que, en términos de relevancia, ciertas fuentes son privilegiadas en detrimento de otras;
c) los tipos de sentido común construidos y las modalidades de la enunciación(18) desde los cuales se pueda dar cuenta;
d) en qué serie es inscripto el hecho noticioso, a partir de la consideración de los acontecimientos como un “caso”(19), tal como lo desarrolla Aníbal Ford y
e) los contratos de lectura puestos en juego.

5. CORPUS
Se trabajó con las ediciones de los días 27 y 28 de junio de 2002 de los siguientes diarios de circulación nacional:
· Clarín, de lectorado amplio. Atraviesa todos los estratos sociales y educativos*. Durante el período analizado contó con una circulación aproximada de 450 mil ejemplares diarios. Es el periódico de mayor tirada en la Argentina.
· La Nación, de orientación liberal* y una tirada de 160 mil ejemplares.
· Página/12, de lectorado de izquierda*. Férreo opositor a la presidencia de Duhalde. Sin datos de la tirada.
· Crónica(20), edición vespertina (6ª), de lectorado popular*. Sin datos de la tirada.

El recorte temporal se fundamenta en que estos dos días de cobertura los diarios tuvieron dificultades para identificar a los responsables de las muertes de los piqueteros y sugirieron pistas desacertadas respecto del accionar de los manifestantes en las inmediaciones del Puente Pueyrredón, lo cual habilita a trabajar sobre la hipótesis planteada.

(1) AUMONT, Jacques; La imagen, Paidos, Barcelona, 1992, pág. 117
(2) RODRIGO ALSINA, Miguel; La construcción de la noticia, Paidos, Madrid, 1989, pág. 186
(3) RODRIGO ALSINA, Miguel; op. cit., pág. 186
(4) WOLF, Mauro; “Harold Garfinkel o la evidencia no se cuestiona”, en Sociologías de la vida cotidiana, Cátedra, Madrid, 1988, pág. 31
(5) GOFFMAN, Ervin; Estigma. La identidad deteriorada, Amorrortu, Buenos Aires, 1993, pág. 89/90
(6) RAMOS, Rodolfo; Identidad y estigma: experiencia de la estigmatización social y posicionamientos discursivos de los sujetos en dos barrios de la Capital Federal. Informe final proyecto UBACyT, Facultad de Ciencias Sociales, UBA, 1994, pág. 19
(7) SVAMPA, Maristella; Vamos a un endurecimiento del contexto represivo, Página/12, 02/12/03, pág. 14
(8) PEREYRA, Sebastián y SVAMPA, Maristella; Entre la ruta y el barrio. La experiencia de las organizaciones piqueteras, Biblos, Buenos Aires, 2003, pág. 19
(9) PEREYRA, Sebastián y SVAMPA, Maristella; op. cit., pág. 21
(10) PEREYRA, Sebastián y SVAMPA, Maristella; op. cit., pág. 87
(11) LOBATO, Mirta y SURIANO, Juan; La protesta social en la Argentina, FCE, Buenos Aires, 2003, pág. 144
(12) LOBATO, Mirta y SURIANO, Juan op. cit., pág. 146
(13) FERREYRA, Pilar; Señales en las rutas argentinas, Clarín, 24/06/01, supl. “Zona”, pág. 6
(14) La volanta es el enunciado que ubica y anticipa sobre lo que informa el título; es una definición temática y puede agregar información. Generalmente está colocada encima del título.
(15) Se denomina bajada a la síntesis o agregado de la noticia ubicada debajo del titular.
(16) MARTINI, Stella y LUCHESSI, Lila; Los que hacen la noticia. Periodismo, información y poder, Biblos, Buenos Aires, 2004, pág. 115
(17) BORRAT, Héctor; El periódico, actor político, GG Mass Media, Barcelona, 1989, pág. 114
(18) Las modalidades del decir construyen el dispositivo de enunciación en el que se ponen en contacto identidades o categorías discursivas: el enunciador –el que habla- y el enunciatario –el destinatario del discurso. Como categorías discursivas, no pueden ser identificadas con un sujeto determinado (MARTINI, Stella; “El texto periodístico” -1997- en Cuadernos de Teoría del Periodismo Nª24 “El periodismo en la sociocultura contemporánea”, Buenos Aires, Facultad Ciencias Sociales, UBA, 2000)
(19) FORD, Aníbal; La marca de la bestia. Identificación, desigualdades e infoentretenimiento en la sociedad contemporánea, Norma, Buenos Aires, 1999, pág. 255
* Datos extraídos de la encuesta “Públicos y consumos culturales de Buenos Aires”, realizada por el Centro de Estudios de Estado y Sociedad en 1990 bajo la dirección de Oscar Landi, Luis Quevedo y Adriana Vacchieri.
(20) En este caso se trabajó con las ediciones de los días 26 y 27 de junio, dado el carácter vespertino del diario.

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6. MARCO TEORICO
El marco teórico está organizado en base a conceptos y problemáticas relacionados entre sí, pero que fueron desagregados en cuatro ejes para su análisis y aplicación al presente trabajo.
1. Indaga en la noción de rutinas productivas periodísticas y cómo intervienen en la construcción de la noticia;
2. Problematiza el concepto de fuente y la importancia de las fuentes oficiales como instancias de legitimación;
3. Aborda los conceptos de caso y serie;
4. Define la idea de contrato de lectura.

6.1 Rutinas productivas: la construcción de la noticia
Este trabajo se desarrolla a partir de la concepción de la noticia periodística como una “construcción de la realidad”(21), por lo cual se propone considerar los estudios sobre newsmaking o construcción de la noticia. Estos permiten indagar en las formas de producción de la noticia y brindan herramientas para analizar la relación entre la imagen de la realidad social que construyen los medios, la organización y producción rutinaria de los aparatos periodísticos y los sentidos sociales. Al mismo tiempo, “desmitifican la idea de objetividad periodística y la concepción de la comunicación como proceso lineal”(22).
La materia prima sobre la cual trabajan los medios son los hechos, es decir, “la información pertinente acopiada por métodos profesionalmente válidos que especifican la relación entre lo que es conocido y cómo es conocido”(23). En este sentido, es importante comprender que la noticia publicada es producto del proceso interno (función del gatekeeper, línea editorial y target al que se apunta, etc) al interior del medio, ya que “la estructura que les permite trabajar cualquier hecho de forma rutinaria es en buena parte el marco de comprensión del mundo que posee el aparato periodístico, desde donde se construyen los acontecimientos”(24). De esta forma, es lícito plantear que las rutinas de producción refieren a una forma de pensar la realidad o a una visión del mundo y que, en el caso de la muerte de los dos manifestantes en la ciudad de Avellaneda, nos permiten arriesgar que los medios operaron una estigmatización sobre el movimiento piquetero en su conjunto. Las exigencias organizativo-estructurales y las características técnico-expresivas propias de todo medio de comunicación de masas “son elementos cruciales para determinar la representación de la realidad social ofrecida por los medios de comunicación”(25), convirtiendo a las noticias en el “ejercicio del poder sobre la interpretación de la realidad”(26).
Por otra parte, las aptitudes que debe reunir un hecho para ser transformado en noticia remite a determinados criterios o valores que están estrechamente vinculados a los procesos de rutinización y de estandarización, lo que equivale a introducir prácticas productivas estables sobre los acontecimientos en el mundo, porque “sin una cierta rutina las organizaciones periodísticas quebrarían”(27). Estos criterios son denominados de noticiabilidad(28).
A los valores noticiosos que, como componentes de la noticiabilidad, operan para hacer posible la rutinización del trabajo periodístico, hay que contextualizarlos en los procesos productivos, porque es allí donde “adquieren significado, desarrollan su función y cubren esa corteza de ‘sentido común’ que los convierte en elementos dados-por-descontado”(29).
En la misma línea, según Rodrigo Alsina, “el acontecimiento no es un fenómeno exterior a un sistema determinado, sino que éste es el que otorga tal categoría a distintos fenómenos”(30). Así, “el periódico no se adapta al acontecimiento, sino que es el acontecimiento el que se adapta al periódico”(31).
Cabe agregar que la dependencia existente entre los medios y las fuentes de información forma parte de las rutinas productivas que rigen a los medios; es así como los periodistas, moldeados por esas condiciones, necesitan de las fuentes institucionales para garantizar la producción diaria del periódico. Esta dependencia hace que la imagen del mundo que construyen los medios sea distorsionada de la realidad, la cual, vale aclarar, no es objetiva, porque el periodista construye lo que Rodrigo Alsina denomina “mundos posibles”, es decir, elabora una realidad “subjetiva”.
Tampoco debe olvidarse que, de acuerdo a Gaye Tuchman, “en la noticia, la verificación de los hechos es una realización a la vez política y profesional”(32). Por eso al definir la noticia hablamos de construcción y no de reflejo de la realidad; y no hablamos de verdad sino de verosímil(33). Conviene añadir que la idea de la noticia como espejo de la realidad parte de cierta concepción tradicional de las noticias que considera a la objetividad como instancia fundamental de la actividad periodística. Pero la noción de objetividad periodística es uno de los elementos clave para comprender la ideología que sostiene el modelo liberal de la prensa, ya que “propugna la descripción de los principales hechos desconectados de las relaciones de clase en que se dan”(34).
Ahora bien, desde una perspectiva gramsciana puede afirmarse que las rutinas periodísticas actúan como dispositivos de construcción de hegemonía, al definir qué es “lo importante”. En esas mediaciones es en donde operan interpretaciones que luego se institucionalizan en el sentido común, entendido como “la concepción del mundo absorbida acríticamente por los diversos ambientes sociales y culturales […] como la concepción más difundida de la vida y de la moral”(35).
Al respecto, Todd Gitlin advierte que “las rutinas productivas de los medios son la forma mediante la cual los procesos hegemónicos se cristalizan como sentido común sobre el aparato periodístico”(36). La hegemonía es entendida, en este sentido, como un proceso de imposición de sentido de ciertas clases por sobre otras. Desde este punto de vista, se concibe a las producciones periodísticas al servicio de los constructores de cierta visión hegemónica de la “realidad”, en este caso, vinculada a la caracterización de los piqueteros como delincuentes, terroristas y asesinos, de acuerdo a la hipótesis del presente trabajo.
Según Stella Martini, “las formas de organizar las agendas, de titular, decir y enfatizar la noticia y las negociaciones de un medio con las fuentes gubernamentales dependen de las posturas del medio en un tema determinado y de su relación con el gobierno”(37). Por consiguiente, en esta tesina se intentará indagar de qué manera el acceso privilegiado a las fuentes oficiales opera en la construcción de un acontecimiento.

6.2 Fuentes
Herbert Gans define a las fuentes como “todas las personas que el periodista observa o entrevista”, incluyendo a los entrevistados que salen al aire o son citados en los artículos periodísticos, y aquellos que suministran información básica o sugerencias para historias. La característica más destacada de las fuentes es que “suministran informaciones en cuanto miembros o representantes de grupos (organizados o no) de interés o de otros sectores de la sociedad”(38).
Las citas a las fuentes forman parte de las estrategias textuales de los diarios, que se valen de ellas para “asegurar el efecto de verosimilitud y para reforzar el lazo de confianza con el lector”(39).
Asimismo, la utilización de las fuentes se inscribe como elemento diferenciador de la estrategia informativa de un medio. En consecuencia, “son un factor determinante respecto a la calidad de la información producida por los medios de comunicación [...] no son todas iguales, ni todas igualmente importantes, de la misma manera que el acceso a ellas y su acceso a los periodistas no está uniformemente distribuido[...] y a su vez la articulación de la red de las fuentes no es en absoluto casual ni arbitraria”(40).
Esto es así porque el entramado de fuentes con los que los medios de comunicación funcionan de manera estable refleja, según Mauro Wolf, “por un lado una estructura social y de poder existente, y por otro lado se organiza sobre la base de exigencias planteadas por los procesos productivos. Las fuentes que se encuentran al margen de estas dos determinaciones muy difícilmente podrán influir de forma eficaz en la cobertura informativa”(41).
En la prensa gráfica nacional no es difícil encontrar ejemplos al respecto. Del mismo modo que este trabajo se propone demostrar cómo la voz de los piqueteros fue colocada en segundo plano a la hora de reconstruir los acontecimientos sucedidos en las inmediaciones del Puente Pueyrredón, para lo cual se privilegió a las fuentes oficiales, los medios activaron funcionamientos similares cuando efectuaron la cobertura de la huelga mantenida por el personal no médico del hospital infantil Garrahan en 2005, en la ciudad de Buenos Aires (ver investigación en http://www.diariosobrediarios.com.ar), con la consecuente estigmatización de los huelguistas.
Desde los estudios de newsmaking se desprende que, a partir de los procesos de rutinización en la producción de las noticias, el acopio de la información se produce sobre todo a través de las llamadas fuentes estables(42), que tienden a suministrar material informativo fácilmente incorporable en los normales procesos productivos de la redacción. Por eso el medio recurre a una fuente cuando ésta ocupa un puesto importante en la jerarquía del poder político, económico o social, lo cual torna inevitable que se genere una interdependencia entre las fases de la recolección y la estructuración de la noticia.
Fruto de la relación periodista-fuente el discurso informativo revela que en territorio periodístico la verdad es siempre discursiva: es el resultado de la “coincidencia entre relatos, de la alternancia y contraste de las versiones, de las desmentidas y de las declaraciones [...] en definitiva, es un efecto del discurso(43)”.
En este sentido es fundamental tener en cuenta la advertencia que hace Lucrecia Escudero sobre la necesidad de una distinción teórica esencial entre “fuente empírica” y “fuente textual”: La cita textual de la fuente se considera como una mediación más. Sin embargo, en muchos casos se considere a la fuente desde una perspectiva empírica, es decir, “como si no existiese ninguna mediación –ninguna transformación- entre la fuente y la noticia producida”(44). La misma diferenciación establece Rodrigo Alsina, para quien existen dos tipos de fuentes: las “fuentes mencionadas” y las “fuentes utilizadas”. Aquellas “son también fuentes utilizadas, pero no todas las fuentes utilizadas son mencionadas”(45). En este caso, podría decirse que el diario se atribuye a la fuente con reserva obligada, pues no se la cita ni se la entrecomilla y publica la información como propia.
La identificación y citación de las fuentes constituye un problema acuciante del periodismo contemporáneo. Al respecto, además de la atribución directa de una declaración que efectúa una fuente, a la que se cita textualmente y entrecomilla, los medios pueden trabajar con fuentes “ciegas”, a las que preserva su identidad; atribuirse una fuente con reservas, citándola textualmente pero sin identificarla en su totalidad o utilizar el “off the record”, cuando la información suministrada por una fuente no se publica, pero le sirve al periodista de marco interpretativo.

6.2.1 Legitimidad de las fuentes oficiales
El tema de cómo los medios seleccionan y utilizan las fuentes de información ha crecido como foco de análisis. Esta tesina se articula sobre la base de considerar que los medios de comunicación privilegian a las fuentes caracterizadas como pertenecientes a la esfera ‘oficial’ –esto es, vinculadas a los organismos oficiales, entidades públicas, instituciones reconocidas o autoridades civiles y políticas- para la (re)construcción de un acontecimiento que permita dar cuenta de la noticia. Se configuraría, en consecuencia, una superrepresentación de la esfera político–institucional en la información de masas. Esto es, si bien las fuentes pueden provenir de cualquier parte, en la práctica el acceso tiene que ver con el grado de representatividad institucional que ocupan en la sociedad. Las fuentes oficiales “están legitimadas como representantes de un gobierno legal, y son mucho más fáciles de hallar [...] las fuentes no oficiales [...] no son tan fáciles de hallar y entrevistar, y en muchos casos no poseen ninguna legitimidad en términos políticos tradicionales”(46).
Además, la mayor legitimidad de las fuentes oficiales se inscribe dentro de una forma “normalizada” de ver el mundo, dentro de los parámetros del sentido común, y este uso de determinadas fuentes sobre otras modifica o influencia el devenir de una cobertura determinada”(47).
Las fuentes oficiales, vinculadas a las instituciones, órganos oficiales, grupos económicos y factores de presión, vistas en perspectiva cubren mejor las necesidades organizativas del medio, porque cuentan con una estructura construida para facilitar el contacto con la prensa. A su vez, esta estructura organizativa de la fuente es funcional al medio, el cual tiene la necesidad de limitar el número de fuentes a consultar para bajar costos y reducir tiempos. Incluso “las fuentes en posición de autoridad formal son consideradas más creíbles que otras”(48).
Una afirmación similar plantea Wolf, quien advierte que en igualdad de condiciones, los periodistas prefieren hacer referencia a fuentes oficiales o situadas en posiciones institucionales de autoridad, porque “son asumidas como más creíbles”. De esta manera, “la jerarquía social parece reproducirse en la jerarquía retórica de la credibilidad y la fiabilidad”(49).
Mark Fishman señala que los periodistas consideran a los burócratas y a los funcionarios de organismos oficiales como conocedores competentes, y tratan a las informaciones provenientes de esas fuentes como hechos irrefutables. Los hombres de prensa piensan que si los funcionarios oficiales muestran saber, entonces esas palabras no deben ser tomadas como una versión más de los hechos sino reconocidas como el “saber” propiamente dicho. El autor atribuye este mecanismo a “una posición de conveniencia de parte del periodista, porque con el fin de realizar su tarea necesita conocedores competentes”(50).
Para Fishman, el periodista opera según un “criterio general de facticidad”, basado en que “algo es como es porque alguien lo dice”. De esta manera, el periodista no tiene porqué preocuparse de determinar lo que sucedió. En todo caso, la preocupación más importante del periodista es encontrar una fuente fidedigna que pueda dar cuenta de ese acontecer para poder narrarlo. De este modo, las noticias no son lo que ha pasado, sino lo que alguien dice que ha pasado, convirtiéndose en crucial la elección de las fuentes.
Bajo este esquema el periodista atribuye distintos niveles de competencia y credibilidad a las fuentes consultadas. Pero hay una condición: esas fuentes deben estar situadas en una posición que le permita conocer lo que dice. Deben tener un componente de ethos. En el intercambio entre el periodista y la fuente, aquel debe ser capaz de reconocer la dimensión ética del interlocutor, relativa a su “credibilidad e integridad”(51). Lo que interesa es esa presunta competencia de la fuente, no los procedimientos mediante los cuales dicha fuente llega a la declaración.
En cuanto a la escasa representación de las fuentes no oficiales en la prensa, Gans y Wolf coinciden en que los tiempos impuestos por el medio dificultan el desarrollo de contactos con fuentes que no son conocidas. En efecto, los ritmos de trabajo y la forma de profesionalidad influencian el mecanismo por el que “las fuentes no certificadas tendencialmente están poco representadas o incluso son sistemáticamente olvidadas. Este es sin duda uno de los puntos que estructuralmente provoca la distorsión sistemática de la información”(52). Asimismo, “las fuentes no oficiales pueden suministrar datos nuevos o contradictorios que no pueden ser comprobados a tiempo”(53).
No obstante, no es conveniente dejar de lado que muchas veces ocurren conflictos entre fuentes cuando existen pujas al interior de una institución, lo que posibilita que se produzcan fenómenos de desinformación. La desinformación surge “cuando la información deja de ser un fin para subordinarse a los objetivos de una situación conflictiva”(54). De hecho, “se nutre del conflicto y es una manera de intervenir en él”(55).
En resumen, la importancia de indagar en la lógica del funcionamiento de las rutinas productivas periodísticas asentadas en la cita a las fuentes institucionalizadas radica en que “en situaciones de crisis graves es posible hipotetizar que el peso de las fuentes oficiales se hace mucho mayor, y con ello, crecen las posibilidades de que logren, al menos temporalmente, volcar a su favor la evolución de una serie periodística”(56).

6.3 Caso / serie
El tratamiento que los medios de comunicación hacen de un caso permite examinar la elaboración de una serie en la cual el caso es inscripto, y en consecuencia qué agenda propone el medio, con relación al contrato de lectura establecido con los lectores. Un caso como el asesinato de los piqueteros, remite a la interrupción de una sucesión, de un orden. Una ruptura de la ‘normalidad’ que aparece asociada a la casualidad o a la desgracia. Y “narrar un caso, un ‘sucedido’, es discriminar o definir algo discreto sobre un fondo continuo. Poner algo en escena es categorizar, jerarquizar”(57). El caso se ubica en una lógica situacional que marca las formas en que cada cultura elabora los temas en relación con sus estructuras sociales y económicas. Esto es lo que sucede, aunque de manera muchas veces imprecisa, en el periodismo, por las presiones del contrato de lectura con un lectorado marcado geográfica o culturalmente. “Lo que importa entonces no es el caso en sí, en su individualidad, sino la relación del caso particular con el principio general, su pertenencia a una serie mayor" (58).
Asimismo, puede darse la posibilidad de que un caso desborde la serie inicial en que fue inscripto por la problemática compleja, difícil de clasificar, que es objeto de tratamiento por el aparato periodístico. En tal circunstancia, los medios proponen una agenda de discusión imprecisa, en la cual el caso circula por diferentes secciones.

6.4 Contrato de lectura
Todo soporte de prensa contiene su dispositivo de enunciación: el contrato de lectura. Éste es especialmente enunciativo, o sea, implica las modalidades de decir de un texto. Se trata de una suerte de acuerdo estrictamente delimitado por cómo un texto periodístico construye la información y de qué manera pone a sus lectores en contacto con la realidad, según la modalidad en que ésta es construida. Porque “el lector que participa de un contrato de lectura con un diario determinado buscará que refiera fundamentalmente a su criterio de verdad, es decir, que lo provea de un verosímil al que pueda dar crédito, y que tiene que ver con su historia, su ubicación en el mundo, sus prácticas culturales, gustos, hábitos, de su visión del mundo”(59).
Eliseo Verón define al contrato de lectura como “la relación entre un soporte y su lectura […]plano crucial porque es el lugar donde se constituye la relación de cada soporte con sus lectores”(60).
Se estudiarán, en consecuencia, los aspectos que comprende la construcción de un soporte de prensa: las coberturas, las relaciones texto/imagen (el contrato de lectura concierne también a la imagen, y en esta investigación juega un papel esencial), las
modalidades de construcción de las imágenes y los modos de clasificación del material redactado. Se atenderá la regularidad de tales propiedades, la diferenciación obtenida por la comparación entre los diarios y la sistematicidad de dichas propiedades. Asimismo, se prestará atención al estilo de redacción: “la elección de un estilo está en estrecho contacto con el contrato de lectura de un diario y por lo tanto también con el contexto sociocultural e histórico”.
El estilo opera, como señala Van Dijk, como ‘señalador del contexto”. De esta manera, se buscarán subrayar las distintas operaciones aplicadas por los diarios con el objeto de generar efectos de cercanía o distancia con el lector.

[21] VERON, Eliseo, citado por MARTINI, Stella; .Periodismo, noticia y noticiabilidad, Norma, Buenos Aires, 2000, pág 103
[22] MARTINI, Stella; op. cit., págs 103-104.
[23] TUCHMAN, Gaye; La producción de la noticia. Ensayo sobre la construcción de la realidad, Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 1983, pág. 95
[24] GOBBI, Jorge; Ponencia en III Congreso de Comunicación Social, Bolivia, junio de 2002
(25) WOLF, Mauro; La investigación de la comunicación de masas. Críticas y perspectivas, Paidos, Barcelona, 1991, pág. 207
(26) GANS, Herbert, citado por WOLF, Mauro; op. cit., pág. 255
(27) TUCHMAN, Gaye; op. cit., pág. 160
(28) La noticiabilidad está constituida por el conjunto de requisitos que se exige a los acontecimientos –desde el punto de vista de la estructura del trabajo en los aparatos informativos y desde el punto de vista de la profesionalidad de los periodistas- para adquirir la existencia pública de noticias (WOLF, Mauro; op. cit., pág. 216)
(29) WOLF, Mauro; op. cit., pág. 248
(30) RODRIGO ALSINA, Miguel; op. cit., pág. 107
(31) RODRIGO ALSINA, Miguel; op. cit., pág. 107
(32) TUCHMAN, Gaye; op. cit., pág. 96
(33) La verosimilitud consiste en que las secuencias del texto se sucedan de modo de no contrariar la creencia o el juicio de los lectores (MARTINI, Stella;1997, op. cit)
(34) RODRIGO ALSINA, Miguel; op. cit., pág. 172
(35) GRAMSCI, Antonio, citado por NUN, José; La rebelión del coro. Estudios sobre la racionalidad política y el sentido común, Nueva Visión, Buenos Aires, 1986, págs. 68/69
(36) En GOBBI, Jorge, op. cit.
(37) MARTINI, Stella; op. cit., pág. 55
(38) GANS, Herbert, citado por WOLF, Mario; op. cit., pág. 254
(39) MARTINI, Stella y GOBBI, Jorge; “La agenda de los medios y el reconocimiento del público: una propuesta de discusión” -1997- en Cuadernos de Teoría del Periodismo Nª26 “El debate sobre las agendas periodísticas”, Buenos Aires, Facultad Ciencias Sociales, UBA, 2000) (40) WOLF, Mauro; op. cit., págs. 253/254/255
(41) WOLF, Mauro; op. cit., pág. 255
(42) La fuente es estable cuando mantiene una relación de continuidad con el periodista. Al contrario, la relación con la fuente provisional subsiste durante un asunto determinado.
(43) ESCUDERO, Lucrecia; Malvinas: el gran relato. Fuentes y rumores en la información de guerra, Gedisa, Barcelona, 1996, pág. 42
(44) ESCUDERO, Lucrecia; op. cit., pág.99
(45) RODRIGO ALSINA, Miguel; op. cit, pág. 119
(46) En GOBBI, Jorge, op. cit.
(47) En GOBBI, Jorge, op. cit.
(48) GANS, Herbert, citado por WOLF, Mario; op. cit., pág. 130
(49) VAN DIJK, Teun; La noticia como discurso, Paidos, Barcelona, 1992, pág. 130
(50) FISHMAN, Mark; La fabricación de la noticia, Tres Tiempos, Buenos Aires, 1983, pág. 107
(51) BORRAT, Héctor; op. cit., pág. 108
(52) WOLF, Mauro; op. cit., pág. 261
(53) GANS, Herbert, citado por WOLF, Mario; op. cit., pág. 138
(54) GOMIS, Lorenzo; Teoría del periodismo. Cómo se forma el presente, Paidos, Barcelona, 1991, pág. 70
(55) GOMIS, Lorenzo; op. cit., pág. 71
(56) En GOBBI, Jorge, op. cit.
(57) FORD, Aníbal; op. cit., pág. 252
(58) FORD, Aníbal; op. cit., pág. 259
(59) MARTINI, Stella; 1997, op. cit.
(60) VERON, Eliseo; El análisis del contrato de lectura, un nuevo método para los estudios del posicionamiento de los soporte de los media, en Les Medias: Experiences, recherches actuelles, aplications, IREP, París, 1985, págs. 182/185

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7. PROBLEMATIZACIÓN DEL CORPUS: LA COBERTURA
La problematización del corpus se estructurará en torno a cuatro puntos. El primero abordará las series en las que los medios comparados insertan el caso de las muertes de los dos manifestantes. Los restantes corresponden a tres ejes indiciales distintos, que serán analizados de acuerdo a la estructura de presentación de las superficies redaccionales elaborada por los diarios estudiados, según se detalla en el punto 4. “El rastreo de indicios, pistas y signos, que actúan como estrategias textuales en las construcciones de la noticia, se efectúa mediante inferencias que pueden ser calificadas como ‘abductivas’, indispensables para la construcción de las hipótesis que utilizamos para vivir”(61). Estos ejes son:
· La determinación de la culpabilidad de las muertes.
· La reconstrucción de un hecho que derivó en el incendio de un colectivo.
· La comparación entre las organizaciones piqueteras y agrupaciones terroristas.

La selección de estos ejes se debe a que los tres atraviesan ambos días de cobertura efectuada por los medios analizados. Asimismo, permitirán indagar acerca del espacio y el papel brindados a las fuentes que se privilegian con el fin de caracterizar a las agrupaciones piqueteras. De este modo, se intentará poner al descubierto el tratamiento que Clarín, La Nación, Página/12 y Crónica hacen de la información.

7.1 LAS SERIES ELABORADAS
Los diarios Clarín y La Nación incluyen el caso en una serie que comprende los conflictos sociales originados por la crisis global que atraviesa la Argentina. Ambos tratan los hechos en su sección ‘Política’. Pero mientras Clarín destaca la responsabilidad política en la muerte de los piqueteros, La Nación resalta el contexto de conflictividad social.
Así, Clarín inserta el caso en la serie de violencia originada por la crisis política y económica que comienza en diciembre de 2001, días antes de la caída del gobierno de Fernando de la Rúa. De esta forma, incluirá una chapa identificatoria con la leyenda ‘Otra vez la violencia’ y titula en portada:
“La crisis causó dos nuevas muertes. Suman 31 desde diciembre” (27/06/02)

Una volanta agrega:
“Ya son 31 las muertes desde los hechos de diciembre que derivaron en la caída de de la Rúa” (Clarín, 27/06/02, pág. 2)

También destaca:
“Las imágenes en el puente Pueyrredón, en la estación Avellaneda y en el Hospital Fiorito remitieron inevitablemente a los episodios de diciembre pasado que dejaron 29 muertos y terminaron con el gobierno de Fernando De la Rúa. Desde entonces, y con los dos de ayer, ya son 31 las víctimas en la peor crisis, por su multiplicidad de factores, de la historia argentina” (Clarín, 27/06/02, pág. 2)

En un recuadro se lee:
“Desde que comenzó la crisis institucional en la Argentina en diciembre pasado, cuando caía el gobierno de Fernando de la Rúa, con los dos asesinatos ocurridos ayer en Avellaneda ya suman 31 los muertos por la violencia disparada en las protestas sociales y políticas” (Clarín, 27/06/02, pág. 3)

En su edición del día 28 de junio, publica:
“Los hechos de Avellaneda suman la tragedia a la gestión de Eduardo Duhalde. Amenazan además con consagrar a la muerte como sistema de control social en la peor crisis de la historia argentina. Con las de diciembre, durante la caída de Fernando de la Rúa, suman 31 los muertos por la represión (Clarín, 28/06/02, pág. 2, el color púrpura es nuestro)

En este segundo caso, según se verá más adelante, el diario ya enuncia la participación de fuerzas estatales en el desenlace de los hechos, tal como indica el subrayado.
La Nación, por su parte, titula en la portada:
“Dos muertos al enfrentarse piqueteros con la policía” (27/06/02

Y continúa:
“Dos piqueteros muertos, 90 heridos y 160 detenidos en medio de una gresca de violencia inusitada con la policía bonaerense, en Avellaneda, derrumbaron ayer la convicción del gobierno de Eduardo Duhalde de que el conflicto político y social había sido contenido (La Nación, 27/06/02, el color púrpura es nuestro)

La Nación incluirá alternativamente chapas identificatorias que rezan ‘La crisis’ y ‘El conflicto social’. Como se verá luego, diluye la responsabilidad política de las muertes.
Crónica, en cambio, utiliza chapas identificatorias con la leyenda “Guerra en piquete” y “Argentina trágica”, que enmarcan el caso en una serie de disturbios y de reclamos extendidos en diferentes puntos del país. En tanto vespertino de matriz popular, sus páginas no están divididas en secciones. Esto se debe a que la agenda de este tipo de medios es más lábil, sujeta a variaciones, de acuerdo a hechos destacados que impliquen una ruptura de la cotidianidad informativa. En este caso, privilegiará el matiz policial de los sucesos acaecidos.
Página/12, si bien no desliga las muertes de su causalidad política, enmarca el hecho noticioso en la serie de ‘represión estatal’, cargando las tintas sobre el accionar de la policía. De esta manera, ya el primer día titula en la portada: “Con Duhalde también” (haciendo referencia a las primeras muertes ocurridas durante la presidencia provisional de Eduardo Duhalde, luego de las más de treinta con las que se despidió en diciembre de 2001 la administración de la Alianza, encabezada por de la Rúa). Este titular se mantendrá como chapa identificatoria de la cobertura.
Se denota, por lo tanto, un contrato de lectura cómplice con el lector a partir del manejo de ciertos saberes devenidos de la compra habitual del periódico, que le permitirían a aquel interpretar que, en realidad, el diario contextualiza el acontecimiento insertándolo en una antigua secuencia temporal vinculada a las violaciones de los derechos humanos que ancla desde la última dictadura militar (1976-1983). En ese sentido, un destacado enuncia en la portada:
“La policía policial allanó a las patadas y sin orden judicial un local de Izquierda Unida, al estilo de la dictadura” (Página/12, 27/06/02, portada, el color púrpura es nuestro).

7.2 LOS CULPABLES DE LAS MUERTES
A fin de verificar la hipótesis planteada: “los medios gráficos tendieron a estigmatizar a los integrantes del movimiento piquetero a través del privilegio conferido a las fuentes y canales oficiales de información, en base a los cuales construyeron el acontecimiento periodístico”, se prestará atención al uso que los diarios estudiados hacen de las fuentes consultadas para la reconstrucción de los hechos. Al respecto, debe tenerse en cuenta que “el periódico, en tanto actor político, otorga un trato desigual a aquellos que convierte en actores (fuentes) de sus relatos y comentarios”(62).
Ahora bien, el primer día de la cobertura, Clarín y La Nación no ofrecen datos precisos respecto a los culpables y a las circunstancias que rodearon las muertes de los piqueteros.
En la volanta de la portada, Clarín enuncia:
“No se sabe aún quiénes dispararon contra los piqueteros” (27/06/02)

La bajada de la nota de cabecera informa:
“Dos jóvenes murieron baleados y todavía no se sabe quién los mató” (Clarín, 27/06/02, pág. 3)

Luego, completa:
“Sólo se sabe que los dos jóvenes murieron por impactos de bala, en la estación de trenes de Avellaneda, al menos a diez cuadras del lugar donde estallaron los incidentes”. (Clarín, 27/06/02, pág. 3)

Aunque desliza, sin mencionar el origen de la información, o sea, actuando el propio diario como fuente, que:
“La Policía bonaerense está en el centro de las sospechas…” (Clarín, 27/06/02, pág. 3)

Clarín sólo ofrece relatos y testimonios de las víctimas del accionar policial en una única página, bajo el título “Cuatro historias de un día trágico” (27/06/02, pág. 4). Las declaraciones consignan que:
Había policías por todos lados y nos corrían a los tiros’, le contó a Clarín Graciela mientras esperaba un parte médico…”

“Los policías entraron detrás de nosotros. Uno gritó que nos tiráramos al suelo y nosotras le hicimos caso. Pero empezaron a tirar más gases dentro de la estación y también disparaban”

“La policía llegó y empezó a reprimir sin asco y muchos de los compañeros salieron corriendo…”

“Primero dejaron pasar a un grupo de nosotros, pero después empezaron a tirar por la espalda…”
(Clarín, 27/06/02, pág. 4)

Sin embargo, Clarín no trabaja sobre las pistas que emanan de los testimonios, que evidencian la brutalidad de la represión y sugieren el uso de armas de fuego por parte de la policía. Sólo considerará esta posibilidad a partir de la cita oficiosa de fuentes institucionales, como se verá más adelante.
La Nación, por su parte, no hace mención a las causas de la muerte de los dos jóvenes. Pero instala una sospecha: para la reconstrucción de los acontecimientos, se hace eco de fuentes que declaran que los únicos que portaban armas de fuego eran los piqueteros:
“El jefe del operativo de seguridad en el puente, comisario Alfredo Franchiotti, aseguró que sus fuerzas no portaban proyectiles de plomo y acusó a los piqueteros de disparar con armas de fuego” (La Nación, 27/06/02, portada)

“Los responsables del operativo, de la policía y de la Prefectura, negaron que sus hombres hubieran usado balas de plomo…
‘Piqueteros y agitadores venían preparados para pelear. Con armas de fuego, palos y pasamontañas’, dijo el comisario Franchiotti, jefe del comando de patrulla que actuó en Avellaneda.
‘Fuimos agredidos con objetos de todo tipo, entre ellos armas de fuego’, sostuvo el comisario.
‘Nosotros usamos en todo momento postas de goma. Pero escuchamos disparos de armas de fuego. Los manifestantes estaban con handies y filmadoras’, relató el uniformado”
(La Nación, 27/06/02, pág. 5)

“Enrique Pini, un vecino de Avellaneda que se presentó a declarar tras los sucesos, relató a La Nación que vio cómo dos piqueteros arrojaban armas” (La Nación, 27/06/02, pág. 5)

Una entrevista realizada a jefe de la Gendarmería es titulada:
“Se sabía que los piqueteros tenían armas” (La Nación, 27/06/02, pág. 6)

Además, informa:
“La ira entre los policías que participaban del operativo se desató cuando una bala rozó el rostro del comisario inspector Luis Alfredo Franchiotti” (La Nación, 27/06/02, pág 5)

Jamás se aclara de dónde proviene ese dato, que luego resultará infundado.
Sobre la base de estos alegatos, La Nación abona un rumor que cobra fuerza el primer día de la cobertura y que se analizará en el punto 7.2.1: que los piqueteros “se mataron entre ellos”
El diario Crónica, que sacó la edición vespertina (6ª) el mismo día de los sucesos, da cuenta principalmente de la muerte de los piqueteros y de los “más de cien” heridos (26/06/02, pág. 2). Con un gran despliegue fotográfico, la información se propone subrayar los hechos de violencia y los enfrentamientos producidos. El vespertino no indaga acerca de las circunstancias o de los responsables de los decesos. Las fuentes se explicitan en un par de ocasiones, para confirmar que fueron dos los muertos tras los incidentes. Se mencionan a: “El comisario inspector Osvaldo Vega, jefe de la Departamental Conurbano Sur” y a “una fuente de la Secretaría de seguridad Interior de la Nación” (26/06/02, pág. 2)
Puede afirmarse que “así como la prensa gráfica ‘seria’(63) explicita sus fuentes, pues la información verosímil y confiable legitima la agenda de noticias de un medio y ubica al periodista que ‘tiene buenas fuentes’ en el lugar de la voz autorizada, en el caso de los diarios populares suele ser diferente, ya que su contrato establece lazos de confianza a través de las agendas temáticas y las agendas atributivas”(64).
No obstante, Crónica brinda un espacio importante a las declaraciones de militantes piqueteros. Sobre la base de los testimonios de dos dirigentes piqueteros, titula:
“Nos tiraban con balas de plomo” (Crónica, 26/06/02, pág. 4)

Crónica jerarquiza los testimonios de las fuentes refractarias a la postura oficial al publicarlos en la nota de cabecera. De esta manera, al día siguiente ofrece una pauta de lo que sucedió en realidad:
“…allegados a la víctima responsabilizaron a la Policía de haber utilizado armas de fuego para reprimir y sindicaron a las fuerzas del orden como exclusivas culpables de los decesos de Santillán y de Maximiliano Costequi”-sic- (Crónica, 27/06/02, pág. 3)

“Por su parte, Carlos Leivast, otro de los militantes del Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón, de 33 años, declaró que ‘el verso que quiere meter la policía para desligarse cualquier responsabilidad en este hecho pasa por decir que nosotros vamos a las manifestaciones con armas de fuego. Nada que ver. Lo único que llevamos y que sería una falta de respeto negarlo son los palos. Jamás acudimos a ningún lugar con armas de fuego” (Crónica, 27/06/02, pág. 3)

La versión de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, en cambio, es expuesta en un recuadro al final de una página, bajo el título “Muertes: la Bonaerense deslindó responsabilidades”, donde la fuerza policial “desmintió rotundamente que se hayan utilizado balas de plomo y no postas de goma durante la represión a los piqueteros en el Puente Pueyrredón” y se cita al comisario Franchiotti, para quien “la policía fue agredida con objetos contundentes, palos, bombas ‘Molotov’ y hasta armas de fuego…” (Crónica, 27/06/02, pág. 4). Estas fuentes no se identifican más que por rodeos.

7.2.1 “Se mataron entre ellos”
Las fuentes privilegiadas por los medios habilitan a algunos de ellos a hacerse eco de una versión que echó a rodar el gobierno para establecer las causas de la muerte de los piqueteros: que los manifestantes “se mataron entre ellos”. Vale aclarar que, una vez descartada esta teoría, esta pista no será trabajada por los principales diarios. Clarín y La Nación son los que difunden esta interpretación, aunque nunca explicitan su procedencia. Así:
Una de las versiones hablaba de que los disparos podrían haber provenido de los propios piqueteros” (Clarín, 27/06/02, pág. 9, el color púrpura es nuestro).

Desde el Gobierno, altos funcionarios sugerían anoche que lo ocurrido pudo ser un enfrentamiento entre sectores antagónicos del movimiento piquetero” (La Nación, 27/06/02, pág. 5, el subrayado es nuestro)

En estos casos, la impersonalidad de la fuente es total, “lo que podría permitir la entrada franca del rumor al sistema informativo”(65).
Un epígrafe y un destacado en negrita, rezan:
“La SIDE y las fuerzas de seguridad eligieron una hipótesis para excusarse: ‘Se mataron entre ellos’, dijeron” (Clarín, 27/06/02, pág. 9)

Este último dato es extraído por el diario de informes elaborados por “agentes de la SIDE”. En este punto, la información es contrastada mediante la consulta de fuentes oficiosas:
“…los piqueteros y algún funcionario escéptico coincidieron en avalar una hipótesis contrapuesta: ‘La represión se decidió hace un mes y los muertos de ayer son un mensaje para los manifestantes’ (Clarín, 27/06/02, pág. 9, el color púrpura es nuestro).

Estos testimonios de fuentes sólo parcialmente identificadas le posibilitan al diario sugerir en el párrafo siguiente:
“Esta teoría deja abierta la puerta para suponer que las balas que ayer provocaron dos muertes podrían haber salido de las armas de las fuerzas de seguridad” (Clarín, 27/06/02, pág. 9)

Sin embargo, Clarín utiliza el condicional y ubica este párrafo al final de la nota. Las fuentes oficiales jerarquizadas para la reconstrucción de los hechos son de la Secretaría de Inteligencia del Estado.
La Nación también cita una fuente ‘oposicional’, contraria a la postura oficial acerca de los hechos, y cuyos datos luego se revelarán como verídicos. No obstante, esta versión no será trabajada por el diario:
“…Nicolás Lista, del Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón, denunció ante La Nación que existen testigos de un fusilamiento que perpetró la policía: ‘Aseguran compañeros de Lanús que, en medio de los incidentes en el Puente Pueyrredón, un muchacho Darío (Santillán) se agachó para socorrer a un pibe que estaba tirado. Desde atrás, un policía le disparó en la espalda y luego en la cabeza’, relató” (La Nación, 27/06/02, pág 6)

Página/12 expone la versión oficial en dos cabezas noticiosas. En la primera toma distancia de las justificaciones esgrimidas por el gobierno:
“La primera decisión política fue sacar a la política del medio. Por eso el Gobierno envió a Juan José Alvarez a explicar las muertes como si se tratase de un tema estrictamente policial. Lo que el secretario de Seguridad sugirió fue la hipótesis que a lo largo de la el Gobierno se encargó de difundir sin medias tintas: que la protesta se fue de madre producto de una interna de los propios piqueteros” (Página/12, 27/06/02, pág. 4)

Y en la segunda expone los testimonios de fuentes oficiosas que cuestionan la posición de la administración nacional, que abonaba la teoría de un enfrentamiento interno:
“Expertos de seguridad del propio Gobierno reconocieron ayer a este diario que el operativo desplegado en Avellaneda fue catastrófico. Pese a que públicamente se intenta echarle la culpa a los piqueteros de las muertes, los funcionarios admiten que fueron los errores de la Bonaerense los que sirvieron de marco al desastre” (Página/12, 27/06/02, pág. 7)

En todo momento Página/12 opera, a través de modalidades enunciativas, una deslegitimación del discurso oficial. Este atributo es uno de los principales rasgos del contrato de lectura que el diario establece con sus lectores. En consecuencia, dice:
A tono con el discurso hegemónico de la Casa Rosada, Alvarez sugirió que la responsabilidad de lo ocurrido había que encontrarla entre los piqueteros” (Página/12, 27/06/02, pág. 5, el color púrpura es nuestro)

“Al anochecer, en diálogo con este diario, el funcionario de seguridad bonaerense se sacó el cassette que estuvieron repitiendo todo el día en cuanto a que los disparos podían provenir de los propios piqueteros y hasta la vergonzosa versión de que los piqueteros se tiraron entre ellos por una cuestión de internas: ‘La debacle hizo que todo fuera un desorden. Es posible que algún efectivo se haya visto encerrado y sacó un arma. No descarto que, creyéndose hostigado, haya empezado a tirar y tirar” (Página/12, 27/06/02, pág. 7, el color púrpura es nuestro)

Crónica, por su parte, en ningún momento levanta la versión oficial del enfrentamiento interno entre los manifestantes.

[61] FORD, Aníbal; Navegaciones. Comunicación, cultura y crisis, Amorrortu, Buenos Aires, 1996, pág. 75
[62] BORRAT, Héctor; op. cit., pág. 114
[63] Se considera prensa seria a aquella que posee una agenda estable en la que predominan temáticas que comprenden el interés general pero desde una perspectiva específica (económica, política, social, cultural) en contraposición a la prensa “popular”, de agenda lábil y marcada por un fuerte sesgo sensacionalista.
(64) MARTINI, Stella; op. cit., pág. 71
[65] MARTINI, Stella y GOBBI, Jorge; op. cit.

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7.2.2 Día 2: las fotos salen a la luz
Clarín y La Nación sugieren la participación de la policía en las muertes de los piqueteros a partir del segundo día de la cobertura. Para ello se basan en dos evidencias: al igual que Página/12, divulgan sendas secuencias fotográficas que comienzan a dar muestras de otra realidad respecto de lo acontecido en las inmediaciones del Puente Pueyrredón. Y también apunta en ese sentido la revelación que Clarín y La Nación efectúan de las conclusiones preliminares de la autopsia efectuada sobre los cuerpos de los manifestantes asesinados. Sin embargo, ambas publicaciones se cuidan de acusar directamente a la policía.
Clarín titula en portada:
“Detienen a policías por una de las muertes” (Clarín, 28/06/02)

En la bajada, agrega:
Son el comisario inspector jefe del operativo y un oficial, que actuaron en la estación Avellaneda, donde murieron los dos piqueteros. Los detuvieron por la muerte de Darío Santillán. Las fotos publicadas en Clarín aportaron evidencias clave” (Clarín, 28/06/02)

Y un destacado consigna:
“Según la pericia, fueron disparos de Itaka a quemarropa”

La Nación, en cambio, revela en la portada que “Suspenden a 110 policías por la muerte de los piqueteros”, hecho acerca del cual Clarín no informa. Y añade:
“…por considerar que existen indicios de que entre ellos están los responsables de la muerte de dos jóvenes durante la gresca” (La Nación, 28/06/02, portada)

Pero para La Nación, al contrario que Clarín:
“Aunque Solá dijo que había pedido el arresto preventivo de Franchiotti, al cierre de esta edición el fiscal de Lomas de Zamora, Juan José González, que investiga el caso, aún no había solicitado ninguna detención” (La Nación, 28/06/02, pág. 6)

Tanto Clarín como La Nación exponen el origen de los datos que les permiten titular en portada.
Respecto a la detención de dos agentes bonaerenses, Clarín cita:
“La fiscalía basó su decisión al surgir de los testimonios fotográficos aportados por Clarín evidencias decisivas de que tanto Franchiotti como Quevedo ‘no son ajenos’ a la muerte de Santillán” (Clarín, 28/06/02, pág. 2, el color púrpura es nuestro)

Para La Nación, el pase a disponibilidad de los policías:
“…respondió a los datos preliminares de la autopsia hecha a las dos víctimas: tenían impactos de proyectiles de acero de 8,6 milímetros, que se disparan con escopetas de calibre 12,70. Entre los efectivos al mando de Franchiotti había siete con armas de ese tipo, una de ellas en poder del propio comisario, según el informe de la fuerza” (La Nación, 28/06/02, portada, el color púrpura es nuestro).

La publicación de secuencias fotográficas que ilustran lo sucedido en la estación Avellaneda permite trabajar con la hipótesis de la intervención policial en la muerte de los piqueteros. Pero a pesar de la evidencia documentada, ambos matutinos son cautelosos al referirse a la culpabilidad de los uniformados.
Clarín publica en portada dos pequeñas fotografías de carácter “exclusivo” con “los últimos minutos” de uno de los piqueteros asesinados. En páginas interiores desarrolla la serie fotográfica, compuesta por ocho tomas, bajo el título “Las imágenes de la muerte del piquetero Santillán”. La secuencia, tomada por Pepe Mateos, es ilustrada con una infografía que detalla el aparente recorrido de los policías y el piquetero asesinado en el hall de la estación Avellaneda. No obstante, en la nota se aclara:
“Esta serie no es una prueba fotográfica del instante del tiro mortal: no se ve cuándo ni quién le disparó al piquetero. Pero sí es una prueba irrefutable de que la muerte de Santillán ocurrió a escasos metros del comisario Franchiotti, al mando de un grupo de agentes que también empuñaban armas largas” (Clarín, 28/06/02, pág. 10)

La Nación edita seis fotografías bajo el título “Los últimos minutos de un piquetero”, que sugieren “indicios sobre una de las muertes de anteayer”. Un destacado anuncia que “El comisario inspector Franchiotti es uno de los comprometidos por las imágenes”. La secuencia es captada por el fotógrafo Martín Lucesole y al pie de cada toma es insertada la hora y los minutos en que tiene lugar. A diferencia de Clarín, la serie se inicia cuando el piquetero Santillán ya había recibido el disparo. La nota que ilustra las fotografías incluye el relato del “abogado de del MTD y de la Asociación por los Derechos del Hombre, Claudio Pandolfi”, que realiza una descripción de los acontecimientos ocurridos en la estación Avellaneda en la que inculpa a la policía. Ni Clarín ni La Nación recurren al testimonio verbal de los fotógrafos, testigos presenciales de los hechos, para arrojar luz sobre lo realmente sucedido en la estación de trenes.
Por otra parte, ambos diarios publican las conclusiones preliminares de las autopsias practicadas sobre los jóvenes piqueteros, que aportan datos claves como:
· Los impactos recibidos por las víctimas eran de calibre nueve milímetros.
· Las balas eran de acero, disparadas por escopetas 12.70, las que utilizaban los policías.
· Los disparos fueron efectuados a corta distancia. (Datos extraídos de Clarín, 28/06/02, pág. 3; La Nación, 28/06/02, pág. 6)

Aun así, Clarín pone en duda que hayan sido policías los que portaban las armas involucradas en el hecho. Para corroborar las nuevas pistas, se basa en la consulta de fuentes oficiales, que no son explicitadas:
Fuentes de la Gobernación sostienen que ‘existe la convicción sobre la llegada de piqueteros con armas de esas características” (Clarín, 28/06/02, pág. 3, el color púrpura es nuestro)

En la misma nota, expone:
“Determinar la tenencia de armas parece una tarea compleja. Pero resolver quién apretó el gatillo en Avellaneda es todavía más difícil. Leo Santillán, hermano del piquetero muerto, insiste en responsabilizar a la Policía bonaerense (Clarín, 28/06/02, pág. 3)

Las modalidades de enunciación para citar una versión y otra, privilegian a la fuente oficial que es transcripta textualmente. Asimismo, el diario no trabajará ni indagará sobre el testimonio del hermano del joven muerto.
La Nación imita la fórmula. Luego de citar el informe de la autopsia, concluye en el último párrafo de la nota, sin indagar:
“Las organizaciones piqueteras denunciaron que los impactos de bala que provocaron la muerte de los dos manifestantes salieron de las armas de la policía, hecho que se está investigando” (La Nación, 28/06/02, pág. 6)

Las fuentes oficiales son las únicas legitimadas. En la nota de cabecera titulada “Detienen a 2 policías de la Bonaerense por la muerte de uno de los piqueteros”, Clarín publica:
“Todo indica que fueron policías los responsables de las muertes, había dicho anoche Solá (Clarín, 28/06/02, pág 2, el color púrpura es nuestro)

Y también:
“Un policía bonaerense mató a uno de los piqueteros. El otro fue muerto muy probablemente por un hombre vestido de civil, aseguró una muy calificada fuente del Gobierno nacional (Clarín, 28/06/02, pág 2, el color púrpura es nuestro)

La versión de los piqueteros, en cambio, es ofrecida en un pequeño recuadro:
“No hubo emboscada alguna por parte de los piqueteros’; se ‘desató la represión’ de la Policía bonaerense contra las columnas ‘a las que mantenía cercadas’. En su respuesta a las versiones oficiales sobre los trágicos hechos del martes, la Coordinadora Aníbal Verón señaló que ‘lo que sucedió fue responder a una planificación criminal…” (Clarín, 28/06/02, pág. 6)

7.2.3 Página/12, una voz discordante
La reconstrucción del acontecimiento periodístico que efectúa Página/12 contiene importantes diferencias respecto a la de los otros diarios. Para este matutino, los autores de los crímenes están claros desde un primer momento: no duda en calificar el accionar policial como “cacería”. Así, desde la volanta de la portada se enuncia una “salvaje represión policial” que “provocó dos muertos y cuatro heridos graves con balas de plomo, otros 90 heridos con balas de goma o contusos y más de 150 detenidos” (27/06/02). La adjetivación empleada es el primer indicio de la señalización que el matutino hace de los culpables de las muertes de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki. De esta manera, titula:
“La cacería policial terminó con dos muertos a balazos” (Página/12, 27/06/02, págs. 2 y 3)

Y un destacado expresa:
“Las fuerzas de seguridad tomaron una parte de Avellaneda para cazar a los piqueteros que antes habían sido dispersados en el Puente Pueyrredón, acceso clave a la Capital Federal. Y la cacería fue sangrienta: dos muertos, 90 heridos, varios de ellos con balas de plomo, y más de 150 detenidos” (Página/12, 27/06/02, pág. 2, el color púrpura es nuestro)

Las fuentes que privilegia en la búsqueda de la aclaración de los sucesos no son las oficiales: testigos presenciales, vecinos de la zona, manifestantes, fotógrafos y hasta periodistas ocupan las primeras páginas y proveen de titulares a la cobertura. Algunos de ellos son:
“Veremos a policías tirar y tirar” (Página/12, 27/06/02, pág. 7)
“Yo vi cómo lo mataban” (Página/12, 28/06/02, portada)
“Recuerdo el perfil, la gorra y la Itaka” (Página/12, 28/06/02, pág. 3)
“Le pidió que no disparen” (Página/12, 28/06/02, pág. 3)

Asimismo, Página/12 trabaja con fuentes ‘oficiosas’ que dejan trascender una versión que ninguna otra publicación trabaja el primer día:
Expertos de seguridad del propio Gobierno admiten que ‘el operativo fue un caos’ y que ‘seguramente tiró la policía” (Página/12, 27/06/02, portada, el color púrpura es nuestro)

Esta información es avalada por decenas de testimonios, algunos de los cuales constituyen la cabeza noticiosa de las notas:
“Estábamos escondidos en la estación de Avellaneda cuando la policía entró tirando balas de plomo y gases’[…] Así relató Pablo Solana la muerte de su amigo Darío Santillán, uno de los piqueteros asesinados ayer durante la represión” (Página/12, 27/06/02, pág. 2)

“El comisario, que luego aparece en el Fiorito sin la gorra, entró al hall de la estación a los tiros junto a otro oficial delgado al que le quedaba grande la chaqueta, y le dispararon al pibe por la espalda, a unos cinco metros. Después supe que era Darío Santillán” (Página/12, 28/06/02, pág. 3, testimonio del fotógrafo Sergio Kowalewski)

A diferencia de Clarín y La Nación, Página/12 efectúa una cobertura del caso en la que se privilegia los testimonios de los manifestantes para la reconstrucción de los hechos. Surgen, de esta manera, alegatos que dan cuenta de hechos no mencionados en los otros diarios el primer día de la cobertura: la persecución policial hacia los piqueteros que prosiguió después de la represión y el allanamiento a un local del Partido Comunista de Avellaneda. El relato de un piquetero bajo el título de “Lo mataron mientras auxiliaba a otro” describe con precisión cómo ocurrió el asesinato de Darío Santillán, tal como lo certificaron posteriormente los documentos fotográficos (Página/12, 27/06/02, pág. 2)
Por otra parte, Página/12 toma distancia de las explicaciones ofrecidas por los funcionarios e instituciones oficiales. Las modalidades de la enunciación de que se vale para ello incluyen la cita testimonios de funcionarios según una estructura dialógica:
“No había buen clima en la Quinta de Olivos. Al principio, todo fue catarsis: Alvarez se quejó de la falta de interlocutores piqueteros.
-La policía siempre tiene un tipo con el que habla, que le indica por qué calles se movilizan. Acá no tenemos referentes, es un quilombo”

“Soria aportaba datos para apuntalar la hipótesis que se hizo trascender con fuerza a los medios.
-Esto se organizó hace diez días en Gatica (un estadio de Avellaneda) para terminar con un campamento en Plaza de Mayo- señaló el jefe de la SIDE”.

“En medio de la ardua discusión, Atanasof se preocupó básicamente en buscar la manera de no exponer la figura presidencial.
-Lo tenemos que preservar. No podemos tolerar que lo emparienten con las muertes- evaluó el jefe de Gabinete”
(Página/12, 27/06/02)

Y la inmediata contrastación de las fuentes consultadas:
El Gobierno intuye que los piqueteros preparaban lo que finalmente sucedió. Los piqueteros, en cambio, aseguran que fue Duhalde el arquitecto de la represión” (Página/12, 27/06/02, pág. 4, el color púrpura es nuestro)

7.3 UN INCENDIO SOSPECHOSO
Un aspecto que permite apreciar las modalidades dispares aplicadas en el manejo de las fuentes lo provee el tratamiento que La Nación, Crónica y Página/12 hacen respecto del incendio de un colectivo de línea que se hallaba cercano al lugar de los disturbios, hecho que luego se comprobará no fue realizado por piqueteros sino por agentes policiales vestidos de civil.
En la bajada del título principal de la portada, La Nación expresa:
“Grupos radicalizados de izquierda destrozaron negocios y quemaron autos y colectivos” (27/06/02)

La Nación y Crónica trabajan con las fuentes desde una perspectiva empírica, es decir, como si no hubiera una mediación entre aquellas y la noticia. Asimismo, no producen confrontaciones entre las declaraciones vertidas.
“Un colectivero de la línea 134, Luis Ruiz, fue abordado en su vehículo sobre la avenida Pavón por los manifestantes, que le robaron exhibiendo una escopeta y una pistola 9 milímetros” (La Nación, 27/06/02, pág. 5)

La Nación da por sentado que quienes asaltaron el colectivo fueron los manifestantes. En la misma página, entonces, afirma:
“Un colectivero que pasaba por el lugar denunció en la comisaría 1ª de Avellaneda que otro grupo de encapuchados lo asaltó con escopetas Itaka y pistolas automáticas poco antes del enfrentamiento. Luego incendiaron el vehículo con bombas molotov”. (La Nación, 27/06/02)

Para Crónica, directamente:
“…los manifestantes incendiaron dos colectivos y una camioneta” (26/06/02, pág. 2).

No cita ninguna fuente ni aclara de donde extrajo el dato. Luego amplía:
“Según testimonios de los vecinos, un grupo no identificado habría subido al colectivo con un arma larga, amenazado al chofer y tras obligar al pasaje a descender, el vehículo habría sido rociado con algún combustible y prendido fuego” (Crónica, 26/06/02, pág. 3).

No queda claro quiénes incendiaron el vehículo, y el uso del tiempo potencial marca cierta distancia que el diario toma en relación a los conceptos vertidos, lo que ocasiona una contradicción respecto de la primera información brindada.
Relativo a este incidente, solo Página/12 aclara y contrasta las fuentes:
La jefatura de la Bonaerense se limita a decir que los piqueteros destruían lo que encontraban a su paso, incluso robando e incendiando, mientras que los manifestantes sugieren que actuaron elementos de los servicios de inteligencia, disparando y provocando destrozos que luego serían atribuidos a los piqueteros” (Página/12, 27/06/02, pág. 7, el subrayado es nuestro)

7.4 ¿PIQUETEROS TERRORISTAS?
La manera en que los medios analizados presentan lo que intenta ser una posición oficial que intenta vincular a las agrupaciones de desocupados con organizaciones delictivas de accionar terrorista constituye un nuevo punto interesante de análisis. El gobierno nacional sugiere que el 26 de junio confluyen tres atributos que conectan ésta práctica con la manifestación piquetera y los hechos posteriormente acaecidos. Estos son: a) el inicio de una escalada de violencia; b) la presencia de elementos infiltrados durante la protesta y c) el diseño de un plan de lucha organizado a corto plazo. Al respecto, únicamente Crónica no consigna en ningún momento esta tesis durante los dos primeros días de cobertura del caso. El estudio del tratamiento que Clarín, La Nación y Página/12 hacen de este tópico permite formular conclusiones contundentes.

7.4.1 Escalada de violencia
Clarín y La Nación brindan a esta versión un espacio destacado en sus ediciones del día 27 de junio: aparece en notas de cabecera, epígrafes y títulos de notas. Pero sólo citan fuentes oficiales que no son identificadas (fuentes ‘oficiosas’). No volverán a trabajar sobre esta línea de investigación.
Un epígrafe recuadrado expone en Clarín:
“Es el comienzo de una escalada de violencia organizada, resumió una alta fuente oficial”. (Clarín, 27/06/02, pág. 2)

Luego, insiste:
“Fuentes del Gobierno y de la gobernación bonaerense oponen […] la aparición de un nuevo comportamiento de los manifestantes piqueteros, como encierra el término ‘escalada” (Clarín, 27/06/02, pág. 2)

La Nación titula:
“El Presidente, golpeado, sospecha de una escalada de violencia organizada” (La Nación, 27/06/02, pág. 8)

Y desarrolla el dato en base a la cita de fuentes que no identifica:
“Según informaron a La Nación dos fuentes que participaron de la reunión más importante que hubo en Olivos, la conclusión del Gobierno es que lo que pasó ayer es parte de una escalada de violencia organizada, de la que no hay precisiones” (La Nación, 27/06/02, pág. 8)

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7.4.2 Infiltrados
La denuncia de la participación de elementos infiltrados en la protesta parte de los dos bandos en conflicto. Sin embargo, en cuanto a la ubicación y espacio concedidos, el privilegio otorgado a las fuentes oficiales es absoluto.
Clarín solamente transcribe en una nota de cabecera:
“Quienes manifestaron son otros, dijo anoche Alvarez…” (Clarín, 27/06/02, pág. 2)

De esta manera esboza la presunta participación de elementos ajenos a la protesta en la manifestación organizada en el Puente Pueyrredón.
Pero La Nación reproduce la versión oficial con un título en la portada:
“El Gobierno asegura que fueron infiltrados” (La Nación, 27/06/02)

Y en el artículo cita las declaraciones del secretario de Seguridad:
“El secretario de Seguridad Interior, Juan José Alvarez, evitó acusar en público a alguna de las organizaciones, pero dio por sentado que no habían sido los piqueteros de siempre” (La Nación, 27/06/02, portada)

Para finalizar de esta manera:
“…las fuentes gubernamentales que participaron de la reunión que Duhalde mantuvo con su gabinete señalaron por lo bajo que el Gobierno sospecha fuertemente de que existen infiltrados que tenían intención de organizar una confrontación para crear un clima de caos” (La Nación, 27/06/02, pág. 8)

En este caso, La Nación no explicita las fuentes. Avala esta información mediante las declaraciones de “altas fuentes de la Casa Rosada”, de una “alta fuente del gobierno de Buenos Aires” y de una “alta fuente del Ministerio del Interior” (La Nación, 27/06/02, pág. 8).
Al día siguiente, en consonancia con esta modalidad, La Nación va un paso más allá y publica:
“Las más altas fuentes del Gobierno aseguran que las primeras averiguaciones de las fuerzas policiales y de inteligencia apuntan a las agrupaciones piqueteras Corriente Aníbal Verón y Movimiento Teresa Rodríguez. Y, dentro de ellas, estarían identificados activistas vinculados con el representante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Javier Calderón, entro otros grupos revolucionarios” (La Nación, 28/06/02, pág. 8)

En ningún momento se contrapone la información. La Nación jamás trabajará sobre esta pista. En este caso, la comparación con un grupo terrorista es explícita.
Página/12 pone en un mismo nivel las versiones de uno y otro lado, aunque no irá más allá. Consigna:
“El término ‘infiltrado’ fue moneda corriente tanto entre los funcionarios oficiales como en boca de los piqueteros de la Coordinadora Aníbal Verón” (Página/12, 27/06/02, pág. 4)

Finalmente, Clarín y La Nación le dan la palabra a los piqueteros a partir del segundo día de cobertura. En ambos casos, los testimonios son ubicados en páginas interiores.
En la cobertura del velatorio de uno de los piqueteros muertos, al final del artículo publicado en la página 10, La Nación levanta una versión opuesta a la oficial:
“…un compañero de Santillán del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD), Alejandro San Clemente […] agregó: ‘El hombre que apareció hablando y que dijo que había manejado el colectivo de la línea 100 que después fue incendiado era un infiltrado. Yo vi cuando el conductor de ese interno se iba caminando. Era otro hombre” (La Nación, 28/06/02)

Clarín titula una nota “Había algunos que no parecían piqueteros” y cita el testimonio de un manifestante:
“Había gente común que se veía que era del barrio y que corría y otros con pelo corto que no parecían piqueteros. Uno de sobretodo largo tenía una Itaka. Los que pararon el colectivo eran de ese estilo” (Clarín, 28/06/02, pág. 12)

A pesar de que se comprobará la validez de estas afirmaciones, ninguno de los dos matutinos desarrolla esta pista. De esta manera, Clarín y La Nación sólo legitiman el discurso gubernamental.

7.4.3 Plan de lucha organizado
Este punto de la tesis oficial es difundido dos días después del asesinato de los jóvenes piqueteros. En él, es posible establecer diferencias en el tratamiento que efectúa el diario La Nación, por un lado, y Clarín y Página/12 por el otro.
La Nación comienza con una cita al ministro del Interior:
“El Gobierno tiene elementos que le permiten suponer que estamos frente a acciones concertadas que constituyen un plan de lucha organizado y sistemático’, advirtió Matzkin”(La Nación, 28/06/02, pág. 8)

A continuación, La Nación toma como propia las hipótesis elaboradas en un documento reservado de la Secretaría de Seguridad respecto al supuesto plan de lucha piquetero. No interroga ni contrasta la fuente, siquiera con otra dependencia estatal. Así, afirma:
“Se realizaron maniobras de ‘pinzas’ (emboscadas) a la policía, según surge de las filmaciones de la fuerza. Esas grabaciones demostraron un avanzado conocimiento de la ‘lucha urbana”(La Nación, 28/06/02, pág. 8)

Más adelante, bajo el título “Cómo era el plan de lucha que tenía armado el Bloque Piquetero”, La Nación da a conocer un supuesto esquema de actividades que diversas agrupaciones de desocupados tenían pensado llevar a cabo en adelante. En él se incluyen “cortes de rutas y bloqueos”, “marchas y campamentos en Plaza de Mayo y en todas las plazas del país”, “bloqueos a las empresas privatizadas”, “piquetes coordinados en todo el país”, “toma de municipios en todo el país”, “toma de edificios públicos”, “campañas, plenarios y asambleas”, “preparativos para un paro activo educacional” y el “freno a los desalojos de casas tomadas”, entre otras acciones de protesta (La Nación, 28/06/02, pág. 10). Sin embargo, jamás se aclara de donde se extraen estos datos ni se cita fuente alguna, oficial u ‘oposicional’, que corrobore esta información.
Tanto para el documento de la Secretaría de Seguridad como en este supuesto “plan de lucha”, La Nación no opera mediación alguna entre el texto oficial y el hecho periodístico. Al igual que en la reconstrucción de la quema del colectivo, considera a las fuentes desde una perspectiva empírica. Cuando el discurso gubernamental es reproducido no como lo que dijo una fuente determinada, sino que traspasa linealmente y se instala en las formas discursivas del medio, el diario se convierte en un vocero, en un agente de prensa de la posición oficial.
Clarín y Página/12 ponen en duda la verosimilitud de la postura del gobierno. Así, se valen de diversas estrategias enunciativas.
Clarín utiliza el tiempo potencial, negritas y comillas. Además, subraya la fuente que da origen a este rumor: la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE):
Merece un párrafo lo del “plan organizado”. Ayer, desde despachos oficiales hicieron circular versiones de dudoso asidero sobre los mecanismos de financiación de estos grupos. Y sobre sus objetivos. La Secretaría de Inteligencia del Estado, por ejemplo, desplegó sin inocencia una teoría sobre una supuesta escalada de violencia en ciernes, cuyo episodio inicial fue el choque del miércoles y su objetivo final sería derrocar a Eduardo Duhalde el 9 de Julio. Justo el día de la Independencia […]
Pero en la Secretaría se defienden. “Hace veinte días que sabíamos que se venía algo fuerte”, dicen. También aseguran que se detectaron zonas preparadas, donde se “entrenarían” (no es casual el término) los piqueteros más violentos. Y hasta circuló la versión de que en villas del conurbano se entregaron armas de fuego antes del inicio de la marcha piquetera a la Capital”
(Clarín, 28/06/02, pág. 14, el color púrpura es nuestro).

El diario toma distancia de la postura del organismo de inteligencia, cuya interpretación expone al final de un artículo ubicado en páginas interiores. Sin embargo, no cita fuentes oposicionales
Para deslegitimar la versión del gobierno, Página/12 apela a la ironía: “El informe tiene el rigor que suelen tener todos los laboriosos trabajos de la Side” y a comparaciones que interpelan a la memoria de una etapa histórica argentina, en consonancia con el contrato de lectura compartido con su lectorado: “A media tarde, el ministro del Interior, Jorge Matzkin, teatralizó un mensaje donde sus palabras y gestos recordaban los económicos y marciales bandos que emitía el gobierno militar”; y “Remató con la amenaza de que en la Argentina no hay lugar para los violentos. Sólo le faltó decir que la insurrección estaba en marcha” (Página/12, 28/06/02, pág. 6, el color púrpura es nuestro). Además, la cabeza noticiosa de la nota madre que describe la posición ofical, comienza:
“El Gobierno agitó ayer el fantasma del retorno de la lucha armada para justificar el endurecimiento de su política oficial. Lo hizo a través de un texto leído por el ministro del Interior, Jorge Matzkin…” (Página/12, 28/06/02, pág. 6)

En síntesis, el análisis de estos tres puntos revela que, a excepción de Página/12, el tratamiento, privilegio y legitimación que Clarín y, en especial, La Nación, otorgaron a las distintas fuentes, y las modalidades que estos medios emplean en la elaboración de la noticia, operaron tendientes a construir a las agrupaciones piqueteras como grupos terroristas, en lo que constituye el punto máximo de estigmatización social.

8. CONCLUSIONES
De la evaluación de la cobertura que los medios gráficos efectuaron sobre los acontecimientos ocurridos en la ciudad de Avellaneda se desprende que:
a) Página/12 es el único de los diarios que no sólo no estigmatiza a los integrantes del movimiento piquetero, sino que apunta contra la responsabilidad política-policial de las muertes desde el primer momento. Para ello, privilegia la cita a las fuentes oposicionales, refractarias a la versión oficial, en consonancia con un contrato de lectura, podríamos decir, asentado sobre la crítica permanente a las instituciones;
b) Clarín y La Nación conceden preeminencia a las fuentes oficiales para la reconstrucción los hechos. Las pistas que surgieron de los testimonios oposicionales no fueron trabajadas, y las versiones que apuntaban sobre la responsabilidad piquetera de las muertes no fueron contrastadas. Pese a que las secuencias fotográficas desmentían esa línea, privilegiaron a las fuentes institucionales para interpretarlas.
En este marco, La Nación instala que los piqueteros “portaban armas”, que “se mataron entre ellos”, que existía un “plan de lucha organizado” y que habían incendiado un colectivo. Además, presenta a los piqueteros como “grupos radicalizados de izquierda” e incluso los vincula con organizaciones terroristas como las FARC. La Nación nunca se retractó ni desmintió ninguna de estas versiones.
Clarín siempre privilegia la cita de fuentes oficiales para establecer la causa de las muertes, aun de manera oficiosa. Éstas fueron las únicas legitimadas: los testimonios son publicados textualmente y aparecen en negritas, en destacados y en epígrafes. En cambio, toma distancia de las fuentes oposicionales, a las que relega a las páginas interiores y cita de manera condicional, según surge del análisis.
Puede afirmarse, entonces, que luego de la noticia del acontecimiento que inaugura la serie emitieron hechos secundarios (comentarios, relaciones, evaluaciones) provocados por las fuentes políticas, las cuales son aceptadas como confiables por el periodismo, que “necesita recontextualizar rápidamente el hecho excepcional, por lo que privilegia las interpretaciones establecidas por el sistema político”(66). Esta fuerte presencia de las fuentes oficiales permite conjeturar que “los canales de recogida del material están ya profundamente estructurados […] y que la fase de recogida de los materiales noticiables está influenciada por la necesidad de disponer de una afluencia constante y segura de noticias, de cara a poder confeccionar cada vez el producto exigido”(67). En consecuencia, Clarín y La Nación sobrerrepresentan el discurso oficial, lo que los lleva a transmitir una información que en primera instancia no se corresponde con los hechos.
c) El vespertino Crónica expone las citas de funcionarios y organismos de seguridad, por un lado, y la de algunos participantes de la protesta, por el otro, sin otorgar preeminencia a ninguna de las partes (aunque, como se ha dicho, destaca el rasgo policial de los acontecimientos).
* * *
El relevamiento de la ubicación y de la cantidad de fuentes citadas permite tener una idea más clara de la jerarquización que cada uno de los medios hizo de ellas y de las versiones que privilegiaron para caracterizar a los piqueteros y reconstruir los hechos ocurridos en las inmediaciones del Puente Pueyrredón.
El compendio de los testimonios publicados en las portadas, notas madre y cabezas noticiosas realizado por los cuatro diarios arroja un total de 45 fuentes citadas. Éstas se distribuyen de la siguiente manera:
· La Nación publica el relato de 15 fuentes:
-14 oficiales (el comisario a cargo del operativo, Alfredo Franchiotti; el Gobierno; el secretario de Seguridad Interior, J.J Alvarez; el gobernador bonaerense, Felipe Solá; fuentes gubernamentales ‘oficiosas’; el vocero de Solá, Jorge Matheus)
-1 ‘oposicional’ (Nora Giménez)
Las fuentes oficiales representan el 93% del total citado.

· Clarín cita 10 fuentes:
-9 oficiales (Alvarez; Solá; el informe de la autopsia; el ministro del Interior, Jorge Matzkin; fuentes gubernamentales ‘oficiosas’)
-1 ‘oposicional’ (Avelino Martínez)
Las fuentes oficiales fueron tomadas en un 90%.

· Crónica reproduce las versiones de 6 fuentes:
-3 oficiales (el jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof, el ministro de Seguridad Bonaerense, Luis Genoud, Alvarez)
-3 ‘oposicionales’ (Florencia Detignnanni, Carlos Leivast, MTL)
La cita a fuentes oficiales y ‘oposicionales’ se divide en partes iguales.

· Página/12 señala un total de 14 fuentes:
-4 oficiales (Expertos de seguridad del Gobierno, la policía, Matzkin)
-10 ‘oposicionales’ (Norma Jiménez, la diputada porteña Vilma Ripoll, testigos, fotógrafos, manifestantes piqueteros)
En este caso, sólo un 28% corresponde a fuentes oficiales.

Si se sostiene, con Gobbi, que “la relación entre el uso de las fuentes y la construcción de la agenda de los medios se revela como central”, puede conjeturarse que Clarín y La Nación elaboran una agenda “institucional”, que Página/12 construye una agenda con acento en los derechos humanos y que Crónica enfatiza las problemáticas de las clases populares.
En resumen, la cobertura del asesinato de Kosteki y Santillán efectuada por los principales diarios nacionales ratifica el papel de los medios de comunicación como garantes del orden y del sostenimiento institucional. La descomposición del tejido social y la crisis socioeconómica que padeció la Argentina a comienzos del siglo actual deterioraron la imagen y el funcionamiento de las instituciones políticas, que en muchos casos se mostraron incapaces de contener los desbordes de vastos sectores de la sociedad, acuciados por la pobreza, el desempleo y la marginación. En tanto actores institucionales, los medios no fueron ajenos a esta crisis de representación generalizada. Por ello, ante un conflicto de envergadura como el asesinato de dos manifestantes a manos de integrantes de la fuerza pública en un contexto de extendida agitación popular, y plausible de poner en riesgo la continuidad institucional, los medios refuerzan su rol de sostenedores de la paz social y realizan su labor en conjunto con los miembros de las instituciones a través de sus fuentes y voceros, ya que, en definitiva, forman parte de la misma esfera de representación: la político-institucional.

[66] RODRIGO ALSINA, Miguel; op. cit., págs. 115/116
(67) WOLF, Mauro; op. cit., pág. 250

9. BIBLIOGRAFÍA
AUMONT, Jacques; La imagen, Paidos, Barcelona, 1992
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29.10.06

"La crisis causó 2 nuevas muertes"

Vi el documental de Damián Finvarb y Patricio Escobar sobre el desempeño del diario Clarín durante los primeros días de cobertura del asesinato de los piqueteros Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. Al contrario de lo que sugiere el film y de lo que deduzco que piensa la mayoría de los espectadores, yo tengo mis dudas de que en el diario hayan demorado a propósito la publicación de las fotografías que incriminaban a efectivos de la Bonaerense en las muertes. Al menos, intencionalmente. Aclaro que no conozco en profundidad la dinámica interna que opera al interior de la redacción de un gran diario, las “rutinas productivas”. Pero pienso que es posible que aquel 26 de junio, dentro de "el gran diario argentino" no hayan podido reconstruir la secuencia de lo que efectivamente pasó en el hall de la estación de trenes de Avellaneda, y que se hayan visto superados por los acontecimientos. Al menos, muchos dicen (entre ellos, Laura Vales, de Página/12) que la serie fotográfica fue reconstruida al día siguiente de los hechos. La prueba más rotunda de lo que digo es, me parece, el título horrible que publicaron en portada y que se utilizó para denominar al documental: “La crisis causó 2 nuevas muertes”. Quiero decir, ante la duda, optaron por tomar distancia, al menos como primera reacción. No jodamos: ¿alguien puede pensar que Clarín va a ir en contra del poder institucional? Y mucho menos contra el gobierno de Duhalde, el cual, según el libro de Alejandro Rodríguez Diez, benefició al grupo con la ley de “bienes culturales”.

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