La duda capital de Macri
El debate acerca de la decisión que tomará Mauricio Macri respecto al distrito en el que se presentará a competir en las elecciones generales de este año cobró un vigor imprevisto. Al establecer que los comicios porteños se celebren el próximo 3 de junio, Jorge Telerman forzó al mundillo político capitalino (y nacional, siempre parte interesada) a definir las estrategias electorales. En este contexto, diversos trascendidos deslizan que Macri finalmente optaría por disputar la gobernación de la ciudad de Buenos Aires en vez de la presidencia de la República, resolución que oficializaría la semana que viene.
Esta aparente determinación generó no pocas discusiones al interior del macrismo. Sucede que un numeroso sector de adherentes al proyecto encabezado por el titular de Boca Juniors estima que lo aconsejable sería que el ingeniero peleara por la jefatura de Estado. Tal contrapunto no es irrelevante, habida cuenta del peso que Macri tiene como figura de la oposición y de que una decisión desacertada podría acarrear consecuencias políticas a largo plazo en la coalición de centroderecha conformada por Recrear y Compromiso para el Cambio.
Yo creo que si Macri se presenta como aspirante a jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires es por pura especulación electoral. Es decir, porque juzga que en la Capital conseguiría imponerse en segunda vuelta, posibilidad casi irrealizable en el escenario nacional. En mi opinión, la alternativa de correr por el Ejecutivo capitalino entraña más riesgos que una eventual candidatura presidencial: en la contienda porteña Macri expone gran parte de su capital político y, si bien tiene mucho para ganar, también tiene mucho para perder.
Un triunfo del diputado en la ciudad de Buenos Aires constituiría la plataforma más sólida para elaborar un proyecto de alcance nacional, eso es indudable. Y Macri tiene más chances de ganar en la Capital que en la Nación. Pero una derrota abriría un serio interrogante sobre el futuro político del ingeniero, que vería frustrada su intención de alzarse con el máximo cargo ejecutivo porteño por segunda vez en cuatro años.
Fernando Laborda escribió el viernes pasado que esto es precisamente lo que se sugiere desde el gobierno nacional (que se sentiría más cómodo confrontando en octubre con Macri antes que con Roberto Lavagna, además de verse favorecido por la dispersión del campo opositor). Pero para contrarrestar esa hipótesis pone como ejemplo a José de la Sota, que “se cansó de perder elecciones ante la UCR en Córdoba y hoy gobierna la provincia”. Tal vez esté en lo cierto, pero no hay que olvidar lo que sucedió cuando el “Gallego” quiso competir por la presidencia.
Laborda también argumenta que “ningún postulante presidencial que obtiene el segundo puesto tiene asegurado un lugar de privilegio dentro de la oposición para el próximo turno electoral [...] ni Eduardo Angeloz ni José Octavio Bordón se convirtieron en líderes de la oposición después de sus dignas derrotas ante Carlos Menem”. Este es un análisis simplista. En el caso de Angeloz debe tenerse en cuenta que él pertenecía a un partido político de alcance nacional, con su estructura, lógica y dinámica características. Era natural que fuera desplazado por nuevas figuras. Por otro lado, ¿Bordón no pertenecía al Frepaso, que cuatro años después llegó a la presidencia en alianza con la UCR?
Macri desdeñaría competir por la presidencia en este turno y se presentaría en Capital con la convicción de que finalmente llegará a Bolívar 1. Piensa, con lógica irrefutable, que desde allí cimentaría su camino hacia la jefatura de Estado en 2011. Pero aquí reside el núcleo de la cuestión. Yo estimo que lo más conveniente para el ex directivo de Socma es que se presente a competir por la presidencia porque no va a ganar en la ciudad de Buenos Aires. Lo digo ahora, sin encuestas en la mano y contra todos los pronósticos.
Seguramente el diputado de Pro se impondrá en primera vuelta, pero en el ballotage imagino a un Néstor Kirchner derrotado en el distrito cerrando algún tipo de acuerdo con Telerman (que resultará segundo) para no quedarse con las manos vacías y no ofrecer una imagen golpeada a cuatro meses de los comicios principales. Es más, aunque no existiera un acuerdo de este tipo, es harto probable que los votantes del candidato del Presidente, Daniel Filmus, sufraguen en segunda vuelta por el actual jefe de Gobierno antes que por el presidente de Boca. Por otra parte, ¿qué hará el ingeniero fuera de la discusión nacional una vez derrotado, con la elección nacional por delante? ¿Cómo quedará su imagen?
Con este virtual escenario por delante, para Macri resultaría menos arriesgado consagrarse como candidato presidencial. Un más que probable segundo puesto en la carrera nacional sería más fructífero que una derrota en la Capital. Desde allí podría fortalecerse como el principal opositor nacional y aprovechar que su figura arrastraría un mayor número de diputados en las boletas. Asimismo, la crisis que atraviesan los partidos políticos no compromete su posicionamiento a futuro. Al contrario, lo fortalece.
Esta aparente determinación generó no pocas discusiones al interior del macrismo. Sucede que un numeroso sector de adherentes al proyecto encabezado por el titular de Boca Juniors estima que lo aconsejable sería que el ingeniero peleara por la jefatura de Estado. Tal contrapunto no es irrelevante, habida cuenta del peso que Macri tiene como figura de la oposición y de que una decisión desacertada podría acarrear consecuencias políticas a largo plazo en la coalición de centroderecha conformada por Recrear y Compromiso para el Cambio.
Yo creo que si Macri se presenta como aspirante a jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires es por pura especulación electoral. Es decir, porque juzga que en la Capital conseguiría imponerse en segunda vuelta, posibilidad casi irrealizable en el escenario nacional. En mi opinión, la alternativa de correr por el Ejecutivo capitalino entraña más riesgos que una eventual candidatura presidencial: en la contienda porteña Macri expone gran parte de su capital político y, si bien tiene mucho para ganar, también tiene mucho para perder.
Un triunfo del diputado en la ciudad de Buenos Aires constituiría la plataforma más sólida para elaborar un proyecto de alcance nacional, eso es indudable. Y Macri tiene más chances de ganar en la Capital que en la Nación. Pero una derrota abriría un serio interrogante sobre el futuro político del ingeniero, que vería frustrada su intención de alzarse con el máximo cargo ejecutivo porteño por segunda vez en cuatro años.
Fernando Laborda escribió el viernes pasado que esto es precisamente lo que se sugiere desde el gobierno nacional (que se sentiría más cómodo confrontando en octubre con Macri antes que con Roberto Lavagna, además de verse favorecido por la dispersión del campo opositor). Pero para contrarrestar esa hipótesis pone como ejemplo a José de la Sota, que “se cansó de perder elecciones ante la UCR en Córdoba y hoy gobierna la provincia”. Tal vez esté en lo cierto, pero no hay que olvidar lo que sucedió cuando el “Gallego” quiso competir por la presidencia.
Laborda también argumenta que “ningún postulante presidencial que obtiene el segundo puesto tiene asegurado un lugar de privilegio dentro de la oposición para el próximo turno electoral [...] ni Eduardo Angeloz ni José Octavio Bordón se convirtieron en líderes de la oposición después de sus dignas derrotas ante Carlos Menem”. Este es un análisis simplista. En el caso de Angeloz debe tenerse en cuenta que él pertenecía a un partido político de alcance nacional, con su estructura, lógica y dinámica características. Era natural que fuera desplazado por nuevas figuras. Por otro lado, ¿Bordón no pertenecía al Frepaso, que cuatro años después llegó a la presidencia en alianza con la UCR?
Macri desdeñaría competir por la presidencia en este turno y se presentaría en Capital con la convicción de que finalmente llegará a Bolívar 1. Piensa, con lógica irrefutable, que desde allí cimentaría su camino hacia la jefatura de Estado en 2011. Pero aquí reside el núcleo de la cuestión. Yo estimo que lo más conveniente para el ex directivo de Socma es que se presente a competir por la presidencia porque no va a ganar en la ciudad de Buenos Aires. Lo digo ahora, sin encuestas en la mano y contra todos los pronósticos.
Seguramente el diputado de Pro se impondrá en primera vuelta, pero en el ballotage imagino a un Néstor Kirchner derrotado en el distrito cerrando algún tipo de acuerdo con Telerman (que resultará segundo) para no quedarse con las manos vacías y no ofrecer una imagen golpeada a cuatro meses de los comicios principales. Es más, aunque no existiera un acuerdo de este tipo, es harto probable que los votantes del candidato del Presidente, Daniel Filmus, sufraguen en segunda vuelta por el actual jefe de Gobierno antes que por el presidente de Boca. Por otra parte, ¿qué hará el ingeniero fuera de la discusión nacional una vez derrotado, con la elección nacional por delante? ¿Cómo quedará su imagen?
Con este virtual escenario por delante, para Macri resultaría menos arriesgado consagrarse como candidato presidencial. Un más que probable segundo puesto en la carrera nacional sería más fructífero que una derrota en la Capital. Desde allí podría fortalecerse como el principal opositor nacional y aprovechar que su figura arrastraría un mayor número de diputados en las boletas. Asimismo, la crisis que atraviesan los partidos políticos no compromete su posicionamiento a futuro. Al contrario, lo fortalece.
Etiquetas: Buenos Aires, elecciones, Macri


