5.4.08

El lugar del medio

Medios de comunicación, periodistas, entidades de prensa y dirigentes políticos coincidieron en impugnar las críticas que Cristina Kirchner vertió contra el periodismo en el acto de apoyo al gobierno nacional organizado en Plaza de Mayo. En rigor, no fue la primera vez que la jefa de Estado se quejó de la prensa. Es más, la presidenta parece decidida a profundizar una línea de gestión instrumentada por su esposo y antecesor en el cargo, Néstor Kirchner. La pregunta que surge es si la insistencia en dedicar diatribas de diversa índole contra los medios abreva en la intolerancia intrínseca de la pareja que gobierna el país desde hace un lustro, es un síntoma patológico del peronismo en el poder o, por el contrario, responde a factores epocales de crisis de los sistemas políticos, en un contexto de globalización.
Echar una mirada al rol que los medios de comunicación desempeñan en las sociedades modernas, a la concomitante situación de las organizaciones partidarias y al estado de la relación medios-gobierno en algunos países de Sudamérica podría ser un buen punto de partida para encuadrar la naturaleza de este conflicto de imbricación cultural. En la Argentina se reproduce un cuadro de amplio alcance territorial.
La convergencia de una serie de factores tecnológicos, económicos y político-culturales que alumbró con el nuevo siglo redefinió el campo político, en el que los medios adquirieron una indudable preeminencia como actores sociales. Los mass media no solo “informan” y dan cuenta de la realidad. O mejor, justamente porque trabajan “sobre” la realidad es que la construyen y crean mundos posibles. Los medios de comunicación masiva instalan agendas, interpelan y sancionan conductas, articulan subjetividades. En consecuencia, asumen un rol de actores político-sociales dotados de enorme poder simbólico: en ellos se libra la disputa hegemónica por la imposición del sentido. Por eso, el lugar que ocupan en la esfera pública no es neutral. Y en tanto actores legitimados en su función de hacer circular discursos, los medios también son objeto de tensiones, confrontaciones y pugnas, que los identifican como elementos articuladores del bloque dominante. Porque los medios de comunicación son exponentes simbólico-culturales de la derecha.
En este escenario de reformulación de los espacios de representación, los partidos políticos no salieron indemnes. Se han visto impotentes para ofrecer una respuesta a la globalización, que catalizó la disolución de las identidades que los conformaban. Así, sumidos en una crisis de legitimidad, vaciados de sentido y fracturados, el rol institucional que les da sentido a las estructuras orgánicas partidarias es librado en gran parte por los medios. Esta circunstancia sitúa las críticas a los mass media en contexto. El trasfondo que encierran, en realidad, es el de una batalla cultural. Los medios de comunicación no son actores inocentes implicados en la sencilla tarea de informar. Son la gran fuente de relatos del poder.
Un pantallazo a la situación en algunos países de Sudamérica reviste de sentido a estas reflexiones. La relación conflictiva medios-gobierno se registra en un extendido marco regional. No es casualidad que se inscriba en Estados donde la crisis del sistema de partidos haya dado lugar a liderazgos no tradicionales (Brasil, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Uruguay). En ellos también los medios de comunicación despliegan su papel de actores interesados en la arena política. En última instancia, analizar de qué manera esta intervención afecta a la democracia es una tarea pendiente.

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